André Silva celebra uno de sus dos goles en el Sevilla FC-Real Madrid
André Silva celebra uno de sus dos goles en el Sevilla FC-Real Madrid

André, el tipo al que le mira la matrícula Messi

De seguir así va a obligar al Sevilla a hacer el mayor desembolso de su historia para ejercitar su opción de compra: 38 millones
Por  9:00 h.

No acertaba ni teniendo enfrente el Duomo di Milano. Y eso que de suelo a la cima mide 108 metros y de palo a palo da para un puñado de clínicas dentales, gastrobares, y bazares de chinos. Pues ni por esas lograba André Silva, el chico de Baguim do Monte, ponerlas dentro con la suficiente frecuencia (sólo Europa supo de sus dotes goleadoras) como para que Gattuso (sí, Gennaro, el tipo que de capitán rojinegro aupaba de las patillas a los nuevos para advertirle que se las verían con él de poderles la mandanga) le impidiera a toda costa venirse cedido al Sevilla. El italiano no insistió mucho y el portugués hizo rápido la maleta.

Si con el Duomo le fue fatal, la Puerta de Palos de la Catedral del Sevilla lleva camino de abrirla de par en par para salir bajo palio. De dos goles en la liga italiana en toda la temporada ha pasado a marcar siete en la española en otras tantas jornadas. Hasta Messi le mira la matrícula al portuense en los ratos libres que le deja soplarle boludeces a los árbitros. La llamada de Caparrós le ha cambiado la vida al joven futbolista lusitano, que de seguir así va a obligar al Sevilla a hacer el mayor desembolso de su historia para ejercitar su opción de compra: 38 millones de euros. Una ganga si luego en la Premier se encaprichan por él.

Si para André fue llegar y besar al santo Machín (hat-trick al Rayo), la compañía de Ben Yedder le está permitiendo establecer sinergias estupendas. Por cierto, que está por contar la verdad verdadera de la permanencia del tunecinofrancés en Nervión. El entrenador no lo quería, la dirección deportiva se dejaba querer con los pretendientes y en el consejo más de uno le cantaban las sevillanas del adiós, pero Pepe Castro se negó una y otra vez a autorizar el traspaso. Si a partir de ahora ni marca ni asiste la culpa también será también del presidente, apúntenlo si quieren, pero las cosas ocurrieron así. Firma la sociedad Silva-Yedder un setenta por ciento de los goles y de los halagos y eso justifica los riesgos que para su lucimiento corre la defensa. Mientras la balanza se incline en favor de los que la saben meter para qué preocuparse mucho por la protección.

Francisco Pérez

Francisco Pérez

Colaborador de Opinión en Deportes ABC de Sevilla