Sánchez Martínez hace la señal del VAR para anunciar que va a revisar la jugada del gol anulado a Ben Yedder (Foto: EFE).
Sánchez Martínez hace la señal del VAR para anunciar que va a revisar la jugada del gol anulado a Ben Yedder (Foto: EFE).

De ayuda a los árbitros, a notario de sus desmanes

Unos meses después de la implantación del VAR, el gremio ya ha impuesto sus normas al margen del protocolo: sigue haciendo lo que le da la gana
Por  10:05 h.

“Arbitrar es muy difícil; hay que enjuiciar jugadas muy complicadas en segundos”. Cierto. Démosles imágenes tomadas desde varios ángulos, capacidad de visionarlas para delante y para detrás, seis ojos en lugar de sólo dos para analizarlas y todo el tiempo que deseen para reconsiderar o confirmar una decisión. El VAR llegó para facilitar a los colegiados la toma de decisiones justas y los propios árbitros, borrachos de soberbia, lo están convirtiendo en prueba de cargo contra ellos. Si antes de contar con ayuda técnica estaban protegidos por la presunción de inocencia en sus resoluciones, en la actualidad, a la vista de sus comportamientos en el césped y ante los monitores, aficionados y medios van adquiriendo certezas de culpabilidad. Ayer y hoy, adivinen lo que deparará el mañana, hacen lo que les da la gana.

Apenas unos meses después de su implantación, el gremio ya ha impuesto sus normas al margen del tan aireado protocolo. En las áreas no hay penaltis si no son señalados en el césped. Fíjense. Falta clamorosa no advertida por el árbitro, el VAR no corrige el error; patinazo de época del colegiado señalando lo que no hubo, confirmación del VAR de que actuó correctamente. En Valladolid, este domingo, se ha anulado un gol por una acción cometida con el juego parado, revisada por ocho ojos (los del árbitro, por duplicado, en el campo y ante el monitor); no cabe mayor agravio al reglamento. Eso sin contar tantos criterios como trencillas, raseros diferentes, rigurosidades y contemporizaciones, etc. Quitas los fueras de juego, no todos, y el resto está bajo sospecha.

La manipulación alcanza también a los resúmenes de los partidos, a menudo sin contener las pifias arbitrales. Se editan al gusto de Javier Tebas. Es famoso aquel caso del Barcelona-Leganés, con patada de Luis Suárez a las manos del meta Cuéllar, en que en Estados Unidos vieron imágenes inculpatorias de la infracción azulgrana hurtadas groseramente a los aficionados españoles y, acaso, porque dudar en este caso es legítimo, al responsable del VAR.

Da arcadas, pero tiene solución: Primperan. Un par de cucharadas soperas antes de los partidos.

Francisco Pérez

Francisco Pérez

Colaborador de Opinión en Deportes ABC de Sevilla