Ben Yedder celebra uno de sus goles (Foto: EFE).
Ben Yedder celebra uno de sus goles (Foto: EFE).

Ben Yedder se va y deja goles, dinero y admiración

No lo tuvo fácil con los barandas del banquillo sevillista, pero todos hubieron de rendirse a la evidencia de que tenían a un ariete colosal
Por  10:19 h.

Luis de Góngora, uno de los grandes representantes literarios de nuestro Siglo de Oro, mantuvo una profunda enemistad con otro grande de nuestras letras, Francisco de Quevedo, quien cada vez que podía, y podía mucho, escribía sonetos satíricos contra el cordobés. Uno de los más conocidos empezaba así: «Érase un hombre a una nariz pegado,/érase una nariz superlativa». Era una nariz como la del francotunecino Ben Yedder, uno de los futbolistas con mejor olfato de gol de la historia del Sevilla Fútbol Club. El de Sercelles viajaba ayer a Mónaco para firmar por el equipo del Príncipe Alberto, después de que Monchi hiciera saltar la banca en Montecarlo logrando 40 millones de euros por su pase. Veinte líquidos y otros veinte en estado sólido o gaseoso, que ya veremos en qué estado se nos muestra el brasileño Rony Lopes por Nervión.

Érase Wissam un hombre pegado al gol desde que llegó a Sevilla procedente del Toulouse. No lo tuvo fácil ninguna temporada con los barandas del banquillo sevillista, que primaban la estética personal a la jartibilidad rematadora de los delanteros, pero unos tras otros hubieron de rendirse a la evidencia de que en la plantilla había un ariete colosal. No existió balón difícil de controlar para él, ni rival al que no le pudiera robar la cartera, ni hueco imposible por el que colar el balón, ni sueños imposibles, como el cumplió en el teatro de los mismos, un Old Trafford rendido a él en 18 gloriosos minutos sobre el césped.

Pero Wissam Ben Yedder fue más que un goleador en el Sevilla. Marcó, sí, 70 tantos, pero su mayor triunfo no fue ese, sino imponerse callado, trabajador, profesional a la injusticia que suponía su suplencia para los entrenadores. Nunca una queja, siempre transmitiendo buen humor en las redes sociales (el «miarma» con que adornaba sus comentarios da cuenta del grado de integración social), siempre haciendo vestuario y mostrando su afecto al club. Ben Yedder y Pablo Sarabia, socios de la mejor fábrica de goles del Sevilla más reciente, se verán ahora las caras, como rivales, en la Ligue 1. Manda narices, y no precisamente las de Góngora, que así sea.

Francisco Pérez

Francisco Pérez

Colaborador de Opinión en Deportes ABC de Sevilla