Pablo Blanco
Pablo Blanco

Blanco y radiante va Pablo, una leyenda

Su matrimonio con el Sevilla, que celebra ahora las Bodas de Oro, renueva sus votos con la concesión por parte del club del XI Dorsal de Leyenda
Por  9:31 h.

No recuerdo a Pablo Blanco de juvenil en el Sevilla, al que llegó de la mano de Castos Ríos, un todoterreno de la causa blanquirroja del siglo XX, pero sí lo localizo perfectamente en mi memoria como lateral derecho del filial. Años después ocurrió algo con lo que comenzó a fraguarse mi admiración por él: transcurría la temporada 78-79, que terminaría con el equipo undécimo clasificado, y uno, aprendiz de periodista, recibió un chivatazo desde las entrañas del club: un componente del plantel, yunque y martillo en el centro del campo, causaría baja a final de temporada.

Lo publiqué con nombre y apellidos, claro está, y al día siguiente, en que el equipo partía para un desplazamiento, el jugador se me arrancó antes de poner pie en el estribo del autocar. Me vi en el Equipo Quirúrgico de los Jardines Murillo, tan bravo como vi acercarse al “Nobby Stiles” sevillista, pero de pronto emergió entre los dos la figura de Blanco que puso cordura. El único Martillo que se quedó en Sevilla fue la ferretería.

Amigo de todos, leal como pocos, el matrimonio de Pablo con el Sevilla cumple ahora sus Bodas de Oro, 50 temporadas de fidelidad desde que aterrizara por Nervión, proveniente de María Auxiliadora, predio del colegio de los Salesianos de la Trinidad donde sacaba sobresalientes dándoles patadas al balón. Llegó con 16 años y hoy, con un físico que le permitiría alinearse el domingo con los de Pablo Machín, sigue al pie del cañón al frente de la cantera, poniendo al servicio de la entidad toda su experiencia.

Resulta ocioso, por sabido, enumerar todas las prestaciones de Pablo al club desde su “sí quiero” a finales de los 60. En el campo, defendiendo la camiseta; en el vestuario y en la calle, honrándola, y en los despachos, dotándola de futuro. Desde que llegara a Eduardo Dato con el estadio luciendo muñones en los Goles hasta ser partícipe de su brillante palmarés actual. Siempre. Si el lema de Don Bosco era “formar buenos cristianos y honestos ciudadanos”, el fundador de los salesianos estaría orgulloso de ese discípulo que es “extraordinaria persona y excelente profesional”. Una leyenda viva del mejor cahíz de sevillismo.

Francisco Pérez

Francisco Pérez

Colaborador de Opinión en Deportes ABC de Sevilla