Entrenamiento del Sevilla previo al duelo ante el Slavia (EFE)
Entrenamiento del Sevilla previo al duelo ante el Slavia (EFE)

Si el chip europeo funciona, no lo cambien después

La vuelta de Carriço invita a la esperanza. Resulta curioso que el defensa más quebradizo del plantel sea el que más solidez infunde a la zaga
Por  9:31 h.

Cambio de chip. ¡Qué le gusta al mundo del fútbol referirse a él! Juegas el domingo en el torneo doméstico y el lunes ya estás hurgando en las entrañas de los tuyos para quitarles el chip rojigualda e implantarles el azul estrellado. Y el jueves, otra vez a meterlos en el quirófano, que el fin de semana exige programación nacional. Yo de Machín esta vez le dejaba el chip europeo a sus jugadores, aunque el domingo hubiera que ponerle subtítulos al fútbol que desarrollen frente a la Real Sociedad. Si hoy, ante el Slavia de Praga, recobran la decencia en su juego, claro, no vaya a ser que el programador se haya cansado de tanto cambio inútil y salgan con el mismo lenguaje indescifrable con que se expresaron frente a Huesca, Villarreal o Eibar. Binario rima con quinario, por cierto.

Que el técnico soriano haya encontrado en los últimos días la solución a los problemas que aquejan al equipo desde hace semanas se hace difícil de creer. Al grupo se le han ido cayendo las virtudes como hojas caducas en otoño y sus defectos cada vez aparecen más desnudos: fragilidad defensiva, premiosidad en el centro del campo, alas ineficaces o previsibles y delantera sin más acierto que el procurado por Ben Yedder. La vuelta de Carriço invita a la esperanza. Resulta curioso que el defensa más quebradizo del plantel sea el que más solidez infunde a la zaga.

De aquel equipo que encontraba con tanta facilidad los caminos hacia el gol y que se replegaba con aceptable rapidez y eficacia poco queda. Y da la impresión de que el problema es más mental que físico, más propio de la falta de asunción de riesgos arriba y de la merma de concentración atrás, que del efecto memoria de las «baterías» de los profesionales, obligadas desde julio a recargarse cada tres días, con paulatinas pérdidas de su potencial.

Quienes no tienen que cambiar un ápice su actitud son los aficionados. Se entregan siempre igual, en la pobreza y en la riqueza, en la salud y en la enfermedad; para eso se unieron de por vida al escudo. Hoy no le faltará apoyo al equipo a las siete de la tarde, que no es hora ni de café ni de cerveza ni taurina ni futbolística. Pero tan buena como otra cualquiera para reaccionar, Sevilla.

Francisco Pérez

Francisco Pérez

Colaborador de Opinión en Deportes ABC de Sevilla