Franco Vázquez es agarrado en falta por Nyom durante el Leganés-Sevilla (Foto: LaLiga).
Franco Vázquez es agarrado en falta por Nyom durante el Leganés-Sevilla (Foto: LaLiga).

Mismo delito, distinta pena, ¡qué pena más grande!

En los casos de Vázquez y Suárez, árbitros y jueza de competición se ciscaron en el reglamento del juego y en el sancionador, bien por exceso o por defecto
Por  17:32 h.

23 de diciembre de 2018. Madrid. Un policía nacional presencia como un navajero hiere gravemente a un ciudadano. Lo esposa, lo pone a disposición judicial, y el juez, atendiendo a su informe, condena al tipo a dos años de cárcel. 6 de febrero de 2019. Barcelona. Un mozo de escuadra sorprende in fraganti a un navajero hiriendo a una persona de gravedad, pero al caerle simpático no lo detiene y se limita a identificarlo. El juez, en función de lo declarado por el mozo, le impone sólo una multa. Impensable, ¿no? Las actitudes dispares de los agentes de la ley, la distinta valoración de los mismos los hechos por parte de los jueces y la dispar condena impuesta a los tipos por una acción idéntica: intento de homicidio, por ejemplo. Pues eso pasa en el fútbol español.

El “caradura” con que Franco Vázquez obsequió de palabra a Hernández Hernández en intermedio del Leganés-Sevilla conllevó la expulsión del jugador y la sanción de dos partidos de suspensión por parte de la Juez Única de Competición. El gesto de “caradura” con que Luis Suárez calificó a Mateu Lahoz en el transcurso del Barcelona-Real Madrid de Copa fue “castigado” con tarjeta amarilla y una multita de calderilla por la citada jueza. Y aquí no ha pasado nada; pero nada de vergüenza, oiga.

El ancestral temor de los clubes (no por comprensible, a tenor de algunas experiencias pasadas, menos pusilánime) a cuestionar las presuntas prevaricaciones arbitrales y de los comités, seguro que movió al Sevilla a no pedir explicaciones públicas y exigir responsabilidades, tanto al Comité de Árbitros como a Competición. No es que los trencillas hayan medido con raseros distintos dos acciones casi idénticas (oral y gestual, la única diferencia), sino que ellos se ciscaron en el reglamento del juego y la jueza en el sancionador, bien por exceso o por defecto, pero dejando el mismo malísimo olor. Muy grave, pero mucho, sancionar de manera tan contradictoria lo que todo el mundo, incluidos los protagonistas citados, califican igual: menosprecio al colegiado.

Que un menospreciador fuera del Barcelona y el otro del Sevilla seguro que no tuvo nada que ver.

Francisco Pérez

Francisco Pérez

Colaborador de Opinión en Deportes ABC de Sevilla