Lopetegui, en el banquillo de Ipurúa (AFP)
Lopetegui, en el banquillo de Ipurúa (AFP)

Dueños de los banquillos, esclavos de las circunstancias

Lopetegui era mascarón de proa de su gremio y ahora hay quien no le hace sitio ni en el ancla; la figura de Rubi, de sembrar dudas, al crédito renovado
Por  10:05 h.

Los asesores de los barandas políticos suelen alardear de ser capaces de defender o de atacar una misma cuestión, sea del tipo que sea. Todo se reduce a ajustar bien en la coctelera las dosis de realidad, de fantasía, de sentido común, de sinrazón, de cinismo, de hipocresía, de demagogia, y una docena de ingredientes varios más, batirlos y servir bonito lo resultante. En eso comparten maestría con los jartibles del fútbol, que en función de las sensaciones, de los resultados, de las declaraciones de unos y los silencios de otros, de las presunciones, imaginaciones o extrapolaciones, somos capaces de expresar, de un partido a otro y sobre una misma cuestión, opiniones diferentes.

Esta semana que boquea lo hemos comprobado con los entrenadores de los equipos sevillanos, de los capitalinos, de los del oeste y del este. Aquí y ahora nada es lo que parecía hace unos cuantos días y es posible que cuando lea estas líneas, en algún caso, tampoco lo sea en relación a hace unas horas. Los técnicos son ellos y sus circunstancias, tantas y de tan diversa naturaleza en el mundo del fútbol que las hacen, en buen número, incontrolables.

Lopetegui comenzó la travesía semanal siendo mascarón de proa de su gremio y hoy, tras dos derrotas, hay quien no le encuentra sitio ni en el ancla. La figura de Rubi, por el contrario, estaba sembrada de dudas y, sin embargo, llegaba a Villarreal (escribimos antes de iniciarse el encuentro de anoche) con el crédito renovado por completo, tras firmar los suyos el martes pasado sus mejores minutos de la temporada.

Al entrenador sevillista lo ha bajado de la nube su conservador planteamiento ante el Real Madrid, su incapacidad para frenar en Éibar el caótico comportamiento de los suyos en la segunda parte y los groseros errores individuales en los tres tantos armeros. Al bético le borraron las interrogantes su decisión de jugar con Loren e Iglesias arriba, su machacón mensaje al plantel de que con la unión de todos la racha cambiaría y el memorable partido de Joaquín. En unos días, el “bueno” y el “malo” intercambiaban sus perfiles; el “feo” seguía siendo Ernesto Valverde. A ver el lunes.

Francisco Pérez

Francisco Pérez

Colaborador de Opinión en Deportes ABC de Sevilla