Jesús Navas, en un lance del Atlético-Sevilla (EP)
Jesús Navas, en un lance del Atlético-Sevilla (EP)

Elogio de la J en la penúltima jornada liguera

Joaquín Sánchez fue el “Ganarcomosea” que rogaba Setién ante el Huesca y Jesús Navas, el “Competirenmayúsculas” implorado por Caparrós en Madrid
Por  10:04 h.

Penúltima jornada de LaLiga. En el Benito Villamarín, el Betis recibe al colista, el Huesca, ya descendido y horas antes Quique Setién le ha rogado a los suyos “ganar como sea”. En el Wanda Metropolitano, el Sevilla rinde visita al Atlético y Joaquín Caparrós ha implorado a sus jugadores “competir en mayúsculas”. Extraña manera la de ambos de llamar el bético a Joaquín Sánchez y el sevillista a Jesús Navas. “Ganarcomosea” marcó los dos goles del equipo y “Competirenmayúsculas” fue de los pocos que lo hizo en Madrid.

Sólo hay que ver repetidas las imágenes de los partidos en ambos escenarios para comprobar el grado de compromiso de los dos capitanes. En la capital, mientras sus compañeros mantenían el espíritu laxo de las últimas jornadas, Navas se exasperaba. Si se daba un mal pase, fruncía el ceño; si le estropeaban la posibilidad de profundizar o de centrar, bramaba en arameo; si el árbitro se equivocaba, le llevaban los demonios; si se empataba, pedía volver rápido al campo propio para buscar otro gol. Un incorformismo y una vergüenza propia de lo que es, un campeón del mundo en Sudáfrica y en la vida.

Al final de la Palmera, Joaquín se empleaba como si enfrente estuviera un grande de Europa y en juego un título. Nadie le podía reprochar a él que “ahora sí y antes no”. Siempre fue el mismo. A la hora de entregarse y en las de los agradecimientos. A la afición siempre, pero también a quien ha hecho posible que sea aún volcán en activo, Quique Setién. Le pitaron unos cuantos con escasa comprensión lectora de sentimientos cuando se abrazó al cántabro tras el primer gol, pero no le coartaron ni pizca así: marcó el segundo y se lo volvió a dedicar. Genio y figura de quien esta temporada ha oficiado de puente para un colectivo social dividido por la suerte que había de correr el timonel del equipo.

En un mundo mercenario como el futbolístico, donde defender guerras ajenas admite tantos grados de intensidad, no necesariamente ligados a la cuantía de lo cobrado, la presencia de gente de la casa garantiza una reserva moral imprescindible en los malos momentos. Para los buenos vale cualquiera.

Francisco Pérez

Francisco Pérez

Colaborador de Opinión en Deportes ABC de Sevilla