El presidente del Sevilla, José Castro, en su despacho en el Sánchez-Pizjuán (Raúl Doblado)
El presidente del Sevilla, José Castro, en su despacho en el Sánchez-Pizjuán (Raúl Doblado)

Fracaso o decepción, sólo hasta donde pone Europa

El Sevilla, incluso en los más frustrantes momentos, tiene capacidad para cumplir sus objetivos mínimos, aunque no sean coincidentes con los marcados
Por  12:44 h.

Con cierta frecuencia, la prensa económica nos sirve la noticia de algún potentado al que una mala política de inversiones o una errónea gestión empresarial ha llevado a la «ruina». Y una vez que nos han explicado su nueva situación, más de uno habremos exclamado: «Ya quisiera esa ruina para mí». Perder cinco mil millones de euros debe ser muy doloroso, pero quedarte «sólo» con mil supone disponer de varias decenas de vida laborales completas con alto nivel de gastos. El Sevilla FC es ese ricachón esta temporada: sus inversiones se han desvalorizado de forma alarmante, pero le queda de sobra para seguir subsistiendo con un alto tren de vida gracias a su clasificación para Europa una temporada más.

La decimoquinta de dieciséis campañas consecutivas, para ser exactos y dimensionar el logro en su justa medida. Camino de dos decenios con presencia continental. ¿Quiere decir eso que la 2018-19 debe calificarse como un buen ejercicio? No, ni mucho menos. Quiere decir que incluso en los malos, en los infumables, en los frustrantes, el club tiene capacidad para cumplir sus objetivos mínimos, no necesariamente coincidentes con los marcados al comienzo de las hostilidades.

El Sevilla no ha sido una excepción a la cochambrosa edición liguera de este año. Es más, debe ser considerado un ejemplo destacado del histriónico desarrollo de la misma. No porque su situación difiera mucho de lo que le correspondería por presupuesto o potencial deportivo estimado, sino porque a la vista del pobre desempeño de los que podrían considerarse rivales directos, con unas estadísticas «normales» habría conseguido hacer realidad, en tiempo y en forma, sus aspiraciones más caras.

En una Liga barata hasta el nivel de mercadillo su rendimiento ha sido bien pobretón.
Sin restar un ápice de razón a los críticos, que la tienen toda cuando enfatizan el deterioro de la plantilla en las dos últimas temporadas, debido a las muy malas decisiones tomadas en los despachos, nadie en su sano juicio se negaría a firmar que todas las temporadas con el biorritmo bajo cero acabaran como la actual. Los discrepantes no rompan el papel. En Villarreal se lo quedan gustosos.

Francisco Pérez

Francisco Pérez

Colaborador de Opinión en Deportes ABC de Sevilla