Pablo Machín
Pablo Machín

En fútbol, una idea ineficaz es una mala idea

Pablo Machín y Quique Setién acaparan las críticas, pero no escapan a ellas l os directores deportivos por las planificaciones de las plantillas
Por  9:22 h.

Gritó la grada del Benito Villamarín un «Quique vete ya» y si en la de Alcoraz no se oyó la de «Machín tú también» fue porque el partido se jugó un día antes y porque hasta el último minuto tuvo el Sevilla opciones de victoria; cuando se acabó, con infame derrota, la fiesta oscense era tan ruidosa que para qué elevar la voz. En las redes sociales continuó después la encuesta y sin un José «Feliz» Tezanos que la cocinara al modo Casa Sánchez, lo cierto es que ambos técnicos tuvieron suerte de no ser gladiadores en el Coliseo romano. Ganó el pulgar hacia abajo y los partidarios de echarlos a los leones y no a los de San Mamés, precisamente, en pleno letargo digestivo aún tras haberse merendado a Berizzo.

El silencio administrativo en los clubes hay que interpretarlo como fruto de la prudencia por una parte y del temor a que los responsables de la parcela deportiva terminen también de postre de los felinos. Los técnicos acaparan las críticas, pero no escapan a ellas los directores deportivos por las confecciones de las plantillas en verano, las discrepancias con los entrenadores en invierno y su falta de respuesta preprimaveral a la redundancia en el error.

Uno, que es muy de Setién y ha sido avalista de Machín, se queda sin argumentos para defenderlos a la vista de sus números ligueros, de sus eliminaciones coperas y, en el caso del Betis, de su triste adiós europeo. Nadie les pide que abjuren de sus ideas. Lo que se les exige es que estas sean eficaces y que de no serlos introduzcan las variantes necesarias para que den réditos. Enrocarse en fórmulas perdedoras bajo la advocación del «ya funcionará» no parece muy profesional. Si no han valido a esta alturas, difícil será que cambie la inercia.

A falta de 12 jornadas no parece la destitución de los técnicos la panacea a la enfermedad que aqueja a los equipos. Pero, acaso, como en medicina en los casos clínicos complejos, se impone en el seno de los clubes un gabinete de especialistas que analicen la situación y aporten soluciones. No es el momento de buscar culpables, pero sí de evitar condenar al hastío y a la desilusión a los inocentes de la grada.

Francisco Pérez

Francisco Pérez

Colaborador de Opinión en Deportes ABC de Sevilla