De Jong se lamenta tras una ocasión fallada durante el Barcelona-Sevilla (Foto: EFE).
De Jong se lamenta tras una ocasión fallada durante el Barcelona-Sevilla (Foto: EFE).

De Jong, de no ver una a fallarlas todas

Es ahora, y no antes, cuando Luuk se merece el beneficio de la duda por parte de la afición sevillista; desde el Camp Nou ya sabemos que es delantero
Por  10:39 h.

Quien haya llegado a esta «Línea de Fondo» desde el título habrá pensado de inmediato que el articulista se ha levantado en armas contra Luuk de Jong, neerlandés nacido en Suiza, y lo va a llevar al paredón. Como no me gusta malgastar el tiempo de los lectores, aviso desde ya que, bien porque me mola ir contracorriente, bien porque así me lo exige mi sexto sentido, bien porque sí, aquí no se va a lapidar a nadie. Muy al contrario, lo voy a halagar. Voy a elogiar al delantero después de haber despotricado contra él y su protector en el banquillo desde el inicio de la competición.

No seré tan buenista como Julen Lopetegui cuando, para excusar la falta de gol de De Jong y el «olfato» de Monchi, dice que «aporta más cosas importantes al equipo». Mire usted, un ariete tiene que marcar goles o darlos, porque si no hace esto, mejor se alinea a un defensa con ADN neandertal o a un armario empotrado que baje y proteja el balón sin más responsabilidades. El holandés, hasta llegar al Camp Nou, había oficiado de «Carriço del ataque», un jartible defensivo que iba, indesmayable, como un péndulo del central izquierdo al derecho, tratando de dificultar la salida del balón, pero sin que le viéramos un remate decente.

En Barcelona, no. En el estadio barcelonista vimos a un tipo que aparte, de su compromiso defensivo, fue faro para sus compañeros cuando se estiraron al ataque, abrió huecos en la defensa azulgrana para ellos, se desmarcó mucho y bien, se puso continuamente ante el gol y fue el que más remató. Remates cercanos, diáfanos, de esos con los que sueña cualquier delantero la noche previa de un partido en el Camp Nou. En el primero remató ajustado y con potencia y Stegen la sacó una mano prodigiosa; en el segundo chutó tal como le llegó el balón y este le salió algo desviado fuera; en el tercero su cabezazo picado de manual votó demasiado vertical y el balón se fue alto y el cuarto, con el portero barcelonista batido, se estrelló en el palo. Falló todos y todos pudieron ir dentro.

Es ahora, y no antes, cuando Luuk se merece el beneficio de la duda por parte de la afición sevillista; desde el Camp Nou ya sabemos que es delantero.

Francisco Pérez

Francisco Pérez

Colaborador de Opinión en Deportes ABC de Sevilla