Lopetegui, en su presentación con el Sevilla, acompañado por Castro y Monchi
Lopetegui, en su presentación con el Sevilla, acompañado por Castro y Monchi

Lope, el fénix de los ingenios de Monchi

Su ansia por rehabilitarse profesionalmente en un club con la exigencia del Sevilla es su mejor aval. Ojalá triunfe de palo a palo y nos calle a muchos
Por  10:53 h.

Tres años de contrato para Lopetegui. Por primera vez Monchi se alarga así en un compromiso con un entrenador. “Prueba de confianza”, oigo y leo. Antes, lo mismo, ahora un paripé con las cláusulas de tocata y fuga que mutuamente se imponen las partes para, a cambio de una cómoda cifra, bifurcar los caminos cuando así les apetezca.

De eso sabe tela Pepe Castro, que últimamente tira de ellas a poco que el equipo flaquee. Cuando le preguntan por Lopetegui contesta como el 90 por ciento de los jartibles sevillistas, pero guardándose la yema de la frase: “Si Lopetegui es la apuesta de Monchi, también es la mía”, dijo. El “a mí no me gusta, pero…” antecediendo sus palabras, una constante en la mayor parte de la afición, nadie esperaba que aflorara de sus labios y menos con el guipuzcoano luciendo sonrisa al lado.

Lopetegui lisonjeó a Monchi, como no podía ser de otro modo tras el doble mortal con tirabuzón de su designación por parte del de San Fernando. “Es el número uno y seguro que configurará una plantilla fantástica”. Y añadió una gran verdad, que él no se había ido de la selección sino que lo echaron. Bien echado por cierto. No se puede esperar benevolencia cuando la media naranja te coge en la cama propia exprimiendo el medio limón.

Eso de la “traición”, enarbolado por algunos como causa suficiente para no ir a por él, me parece irrelevante en el caso sevillista. Están acostumbrados por el Sánchez-Pizjuán. Juande Ramos, Sampaoli, Emery (a lo bruto, a lo sibilino, a lo silencioso), son algunos de los infieles de Nervión en el siglo XXI.

Lo único que me gusta del fichaje de Lopetegui por parte de Monchi es la invocación al karma de los banquillos. Los últimos inquilinos, desde Sampaoli, venían recomendados por sus trayectorias y, salvo el de Casilda, que cumplió a secas, todos fracasaron. Ahora se apuesta por un fracasado en su último trabajo. Su ansia por rehabilitarse profesionalmente en un club con la exigencia del Sevilla, como fénix de los ingenios, es su mejor aval. Ojalá triunfe de palo a palo y pueda callar a los que al conocer su contratación exclamamos: “¡No es posible!”. Claro que sí. Tres años.

Francisco Pérez

Francisco Pérez

Colaborador de Opinión en Deportes ABC de Sevilla