Lopetegui da instrucciones en el derbi Sevilla-Betis (Foto: EFE)
Lopetegui da instrucciones en el derbi Sevilla-Betis (Foto: EFE)

Lopetegui cumplió y Rubi firmó su finiquito

Mateu abrió la puerta a los sevillistas, pero fue el Betis quien dejó que el rival entrara hasta la cocina y le diera la cena a sus aficionados
Por  11:29 h.

El derbi, que suele ser cita poco proclive a los corolarios, dejó varias cosas claras. Resumamos: el Sevilla ha reiniciado la competición como empezó la temporada, Rubi firmó su finiquito en Nervión y Mateu cumplió con las expectativas y tuvo la cuota de protagonismo que suele cobrar como impuesto revolucionario allá donde va. Hubo más, desde el silencio en las gradas que marcó el otrora partido más bullanguero del año en el Sánchez-Pizjuán, al “aquí estoy yo” de los desheredados del césped como Munir y Lainez o la incomprensible suplencia de Loren, pero todo queda como guarnición de lo importante.

Si hay ganas de debatir, se podrá discutir cómo llegaron los de Lopetegui al triunfo, pero no que lo merecieran de largo. También es verdad que enfrente había un espectro. Rubi llegó, vio, se confinó y regresó igual que arribó, sin tener ni idea de cómo convertir un plantel con muy buenas individualidades en algo mínimamente parecido a un grupo. Al catalán, que se permite lujos como el de sentar a su máximo goleador, ya no lo defiende ni Alexis: “No competimos siquiera”.

Todo lo contrario que el Sevilla. Lopetegui sabe armar equipos en poco tiempo. Lo demostró en verano y lo ha reiterado en primavera, por más que luego el juego esponjoso del principio se le termine apelmazando. Compitieron bien sus hombres, aunque volvieron a estrellarse en el aterrizaje del gol, catástrofe habitual esta temporada. En su auxilio vino una acción que se castiga siempre fuera del área y que en esta ocasión se cobró, como nunca, dentro y por un árbitro al que no le falta un cromo en el álbum de las polémicas. Mateu abrió la puerta, pero fue el Betis quien dejó que el rival entrara hasta la cocina y le diera la cena a sus aficionados.

Si bien hubo destacados en los locales y atacados (de los nervios) en los visitantes, uno se queda con dos nombres, por sorprendentes, en la silenciosa noche nervionense: Munir y Lainez. El hispano marroquí sostuvo al ataque sevillista hasta que Lucas Ocampo dio el do de bota. El mexicano, con su velocidad y desborde, puso en evidencia a los titularísimos. La pandemia los redimió.