Aspas regatea a Vaclik antes de hacer el 1-1 en el Celta - Sevilla (AFP)
Aspas regatea a Vaclik antes de hacer el 1-1 en el Celta - Sevilla (AFP)

Mejor tapar a Vaclik: los pies seguirán fríos

Hoy, en que los resultados resquebrajan la solidez inicial del Sevilla, Lopetegui vuelve a estar en entredicho y Monchi bajo sospecha de yerro gordo
Por  13:52 h.

Cuando Monchi eligió a Julen Lopetegui para entrenar al Sevilla tras su vuelta, el desagrado por el fichaje superó en mucho la sorpresa que produjo. Muy poca gente lo entendió y la mayor parte de los que acogieron con tibieza su nombramiento lo hicieron por la confianza que genera en el sevillismo el director deportivo. No les gustaba la decisión, pero la bendecían, porque «si se ha decantado por él será por algo». El «algo» tardó sólo un par de meses en desvelarse: la plantilla, muy remozada respecto a la de temporadas anteriores, tenía una solidez inusual desde el primer día de la competición. Había entrenador y los recelos quedaron soterrados.

Hoy, en que los resultados resquebrajan aquella solidez, el donostiarra vuelve a estar en entredicho y el director deportivo bajo sospecha de yerro gordo, no sólo por su elección, sino por los daños colaterales de la misma en forma de refuerzos del gusto del técnico que, transcurridos ya unos meses, siguen sin aportar más que nuevas dudas a las de por sí numerosas interrogantes surgidas en la primera vuelta liguera. No es momento de reproches, empero, sino de unión.

En contra de Lopetegui juega la historia reciente del equipo, necesitado en las últimas temporadas de transfusiones semanales de estímulos para superar unas segundas vueltas convulsas. El miedo a que se repita esta campaña, aumentado de forma exponencial por la ominosa eliminación copera y la ridícula derrota en Vigo, se ha instalado en la afición, por más que los finales casi nunca fueron tristes; a lo sumo, decepcionantes.

La certeza de que el equipo ha entrado en crisis por su vulnerabilidad defensiva en las últimas jornadas –se ha pasado de un Vaclik imbatido a menudo a otro que encaja goles con facilidad- no es una buena noticia, pero tampoco la peor. Siempre le será más fácil al técnico tirar para arriba de la manta de la que hablaba Menotti y proteger al portero checo que dejarla caer para calentar los pies de los delanteros, fríos como carámbanos desde agosto y abocados a la congelación a estas alturas. Sacar rentabilidad a cada gol marcado se convierte en una necesidad perentoria. Afánense en ello.

Francisco Pérez

Francisco Pérez

Colaborador de Opinión en Deportes ABC de Sevilla