Lopetegui, durante el Espanyol-Sevilla (Foto: EFE)
Lopetegui, durante el Espanyol-Sevilla (Foto: EFE)

Un mes y medio bien aprovechado por Lopetegui

Junto a ese desempeño solidario y jartible en el esfuerzo, también se vio en la banda y en el campo, en las bocas y en los gestos, mucho carácter
Por  8:52 h.

Un minuto después de acabar el partido en Cornellá, las redes sociales se llenaron de mensajes del sevillismo destacando la solidez mostrada por el equipo, del rendimiento individual de algunos protagonistas coloraos y del buen ojo de Monchi en la planificación de la plantilla. Pero no vi lo que en otros casos hubiese sido normal, elogios numerosos a Julen Lopetegui, cuyo fichaje por el Sevilla despertó tantas suspicacias. Por un partido es obvio que no puede analizarse la labor del donostiarra, pero los noventa minutos frente al Español sí pueden corroborar algo: en apenas un mes y medio de entrenamientos ha conseguido formar un bloque, un equipo compacto, coordinado, que en su primera comparecencia ya dejó ver lo que su entrenador quiere de él.

No resulta fácil lo conseguido por el técnico. No ya porque en el equipo titular figuraban siete jugadores recién ingresados en el plantel, sino porque el resto no tenían experiencia en un sistema tan exigente en la disciplina táctica como el de Lopetegui. Cuando el realizador de televisión ampliaba el campo óptico, comprobábamos tres líneas muy juntas que basculaban en defensa sin que hubiera más de treinta metros entre Carriço o Diego Carlos y De Jong, lo que obligaba al Español a un ejercicio continuo de precisión para no perder el balón o a jugar en largo buscando la espalda de unos zagueros que nunca se la dejaron coger.

Es cierto que tras la impecable labor de presión arriba, anticipación y recuperación en media y defensa, se echó en falta más valentía a la hora de jugar el balón en ataque. Queda por desvelar si tanta pelota atrás en la medular cuando se visibilizaba la posibilidad del contragolpe parte de las consignas del entrenador o de un exceso de responsabilidad del futbolista, que primaba la posesión al riesgo de interceptación de sus pases (la calidad de Óliver pasó desapercibida precisamente por ese carácter timorato).

Pero junto a ese desempeño solidario, jartible en el esfuerzo y en la discplina, también se vio en la banda y en el campo, en las bocas y en los gestos, muchas muestras de carácter, de firmeza de espíritu. Ya se echaba de menos la casta y coraje del himno tras dos años de pusilanimidad.

Francisco Pérez

Francisco Pérez

Colaborador de Opinión en Deportes ABC de Sevilla