Roque Mesa en el encuentro ante el Girona. Foto: LaLiga
Roque Mesa en el encuentro ante el Girona. Foto: LaLiga

Fuera de Nervión pierde hasta la vergüenza

Se impone escamondar a fondo el árbol genealógico del equipo para que vuelvan a surgir las ramas fuertes que facilitaron tantos éxitos en el siglo XXI
Por  9:05 h.

 Si a comienzos de temporada, cuando Joaquín Caparrós pedía a los suyos que no lo pisaran que llevaba chanclas, le dicen a cualquier sevillista que su equipo saldría derrotado de campos donde vegetaban los parias de la clasificación, no habría ninguno, ni siquiera talibán, que hubiera apostado por unas últimas jornadas en plena lucha, nada cruenta, por una plaza Champions. Y el caso es que fuera de Nervión ha perdido hasta la vergüenza y que a falta de tres jornadas para echar el telón a LaLiga tiene posibilidades de alcanzar el cuarto puesto. Más allá de haberlos peores, que haylos, nadie puede explicarse como es posible tal prodigio.

Parece evidente que el problema no era solo Pablo Machín. El equipo zozobra con el técnico utrerano en los mismos o similares partidos que con el soriano. Da igual que se juegue con cinco atrás, con cuatro o con aparentemente ninguno, de fantasmas como parecen en algunas ocasiones; quién sea el mediocentro y quiénes los intendentes. No se funcionaba ni se funciona porque la política de fichajes de las dos últimas temporadas empobreció el nivel de la plantilla hasta hacer imposible la competencia en ella. Si un titular está mal, el recambio comparece muchísimo peor.

Y hay mucha gente que está mal. Alguno también de la cabeza. Banega, por ejemplo. Vázquez, Escudero, Sergi, Kjaer, Roque… Del banquillo casi todos. En Gerona, Banega, a la irresponsabilidad de su autoexpulsión, añadió otra demostración de que su fútbol a los 30 años resta tanto como sumó en la veintena. Y divide cuando se asocia con Franco Vázquez, tal es la incapacidad de ambos para armar una salida rápida del balón, tan ocupados como andan en sus reolinas, caños, tuyos-mías inocuos, pérdidas mandangosas, entradas destempladas o pataletas con los árbitros.

El notable ratio de aciertos de Monchi en los fichajes de su primera época deberá mejorarlo el de San Fernando ahora muy mucho. Se impone escamondar a fondo el árbol genealógico del equipo para que le vuelvan a surgir las ramas fuertes que facilitaron tantos éxitos en el siglo XXI. Con lo que hay ahora, se necesita un batallón de torpes perseguidores para luchar por los objetivos. No siempre va a ser así.

Francisco Pérez

Francisco Pérez

Colaborador de Opinión en Deportes ABC de Sevilla