Pablo Machín dirige un entrenamiento del Sevilla en el Akhisar Arena (EFE)
Pablo Machín dirige un entrenamiento del Sevilla en el Akhisar Arena (EFE)

Pablo Machín aprende al tiempo que enseña

El soriano ha desbrozado los caminos del gol a los jugadores sevillistas, que generan ocasiones de sobra en todos los partidos y circunstancias
Por  12:26 h.

A un entrenador de fútbol de LaLiga se le presupone, como al soldado el valor, lo que admito que es mucho presuponer, conocimientos suficientes para elegir el modus operandi que mejor se ajuste a la plantilla a sus órdenes. El problema se presenta cuando una vez elegida la estrategia, que no es ni buena ni mala per se, sino en función de cómo se desarrolle en el terreno de juego, hay que implantarla. Ahí no importan para nada los conocimientos teóricos del técnico sino su capacidad pedagógica por una parte y, por otra, su facilidad para empatizar con los jugadores. Que comprendan lo que se les pide y lo hagan suyo. Desconozco si Pablo Machín va camino de convertirse en gurú, pero no me cabe la menor duda de que es un magnífico maestro. No sólo atesora conocimientos y sabe transmitirlos sino que, por poco dogmático, es permeable a lo que dicte la realidad. Un tipo que al tiempo que enseña, aprende.

La marcha del segundo clasificado liguero, segundo con mayor número de goles, segundo con mayor diferencia de tantos, líder ex aequo en la suma de victorias ligueras y europeas y cualquier otro mina que se quiera sacar con el sacapuntas de las estadísticas, no puede entenderse sin el trabajo del técnico soriano, que ha conseguido en tiempo récord, aquel que va desde la puesta en práctica de su idea primigenia a la que le arrojaron las circunstancias, a desbrozar los caminos del gol a su equipo, generador de ocasiones de sobra en los partidos sea cual sea el desempeño de los suyos, se juegue bien o mal, se domine o no, se ponga por delante del marcador o deba remontar. Logró enseñar de tal modo los mecanismos del ataque que rara es la vez en que un balón jugado desde atrás no termina circulando por el área rival.

Eso pasó el domingo, lo que salpimentado por una fe que recuerda la que trasminaba de la flor de Emery, ha dado varios triunfos esta temporada que, por trabajados, cobran más valor. No hay imposibles para este grupo que cree en lo que hace y en cómo lo hace, pese a estar limitado por la ausencia de una segunda unidad competitiva. Hay lo que hay; empezando por un muy buen entrenador, claro.

Francisco Pérez

Francisco Pérez

Colaborador de Opinión en Deportes ABC de Sevilla