Promes persigue a Luyindama en el Standard-Sevilla (EFE)
Promes persigue a Luyindama en el Standard-Sevilla (EFE)

Promes, un «nini» en el ataque sevillista

El holandés, lamentable en Lieja, no intenta desbordar, no arriesga un mal regate, no se plantea disparar y no ve nunca un hueco para filtrar un balón
Por  9:36 h.
Ha corrido por internet, hasta hacerse viral, un video de Maradona entrevistado por una televisión mexicana. El periodista le hace una pregunta de lo más facilita, como los balones que él dejaba botando en el área chica para que cualquier menesteroso de su equipo lo llevase a la red, y el argentino empieza a emitir bufidos, sin que se le oiga una sola palabra durante medio minuto. No sé si el ex sevillista andaba muy perjudicado y de ahí su grotesca comparecencia, pero me pareció con mucho la mejor respuesta que hubiera podido dar Pablo Machín en Lieja si le llegan a preguntar por el partido de Quincy Anton Promes (Amsterdam, 1992) ante el Standard.
Desconozco si es realidad o leyenda lo que se cuenta del holandés durante sus paseos por Sevilla. Hasta ahora he oído que pagó la cuenta completa a un grupo de comensales que se acercó a saludarlo en un restaurante o que regaló a un niño un smartphone de alta gama, cuando el chaval miraba ensimismado el aparato en unos grandes almacenes. Me falta que le haya pagado las letras del taxi al marroquí que lleva gratis a los independentistas por Barcelona. Si es verdad su dadivosidad con el personal, ya tarda que lo sea también con quien le paga; si el Sevilla y su afición hubieran de subsistir con lo que les da en el campo, estarían ya al borde de la inanición.
Promes, quién llegó porque otros no quisieron o no pudieron venir, para qué engañarse, es un freno de mano en el ataque sevillista. Obsérvenlo: sus compañeros le llevan el balón para que él lo atrase y se vuelva a empezar la jugada. Convierte a los colegas en Sísifos y al balón, en piedra. El neerlandés, internacional, ¡ojo!, casi la primera opción de banquillo para su seleccionador, no intenta siquiera desbordar, no inventa una pared, no arriesga un mal regate, no se plantea disparar, no ve nunca un hueco para filtrar un balón. Un «nini» en toda regla que en Lieja hizo jugar al Sevilla con dos menos: el que no aporta y el que boicotea la ’aportación de los demás.
Los últimos minutos en tierras belgas, con él desaparecido y Muriel apareciendo como suele, invitan a rezar: por la salud de Ben Yeder y de Silva y para que la dirección deportiva acierte en enero.
Francisco Pérez

Francisco Pérez

Colaborador de Opinión en Deportes ABC de Sevilla