Sarabia, en un lance del Rayo Vallecano-Sevilla (foto: EFE/Fernando Villar)
Sarabia, en un lance del Rayo Vallecano-Sevilla (foto: EFE/Fernando Villar)

Recuperada la autoestima, es la hora del talento

De las cinco jornadas restantes, tres son en casa, y otras tantas, las más próximas, ante rivales asequibles; fallar en el llano resultaría lastimoso
Por  11:51 h.

Quiere el calendario, la asimetría y los restos del aluvión competitivo que en la jornadas 34ª y 35ª de LaLiga el Sevilla se enfrente a equipos con la equipación ignífuga a punto de ceder a las llamas del infierno. Hoy llega a Nervión el más chamuscado de la categoría, el Rayo Vallecano, y el domingo se viajará a los dominios extramuros del Hades, un estadio de Montilivi donde le espera tiznado el ex de su ex, el Gerona, y uno de los demonios de guardia del turno de oficio, González Idem.

 
Se ha pasado media semana el sevillismo más pendiente de las designaciones arbitrales que de saber si Joaquín Caparrós podría contar con Gonalons, recuperar a Navas o encomendarse a Sarabia. Rémoras psicológicas de la labor de Mateu Lahoz, quien en unos días pasó de lobo tarjetero con el Sevilla en Getafe a caperucito pasota con el Alavés, al que desde el VAR ahorró las cartulinas que él enseñara a Vázquez y Escudero por el mismo motivo. Cosas del Naranjito de los silbatos.

 
Si los colegiados es evidente que pueden hacerlo mejor, lo mismo puede decirse del grupo de Caparrós. Desde saltar a por el balón sin sacar las manos a bailar en las áreas a tener mayor precisión en el pase, pasando por mejorar la profundidad por las alas o la intendencia a un Ben Yedder sin media ocasión que llevarse a las botas en los últimos compromisos. Intensidad sin fútbol y escaso remate se queda simplemente en buena voluntad. Poco si se aspira a unos objetivos tan altos como los que aún pueden alcanzar los nervionenses.

 
De las cinco jornadas que restan, tres son en casa y otras tantas, las más próximas, frente a rivales asequibles. Fallar en el llano tras haber recuperado la autoestima y las posibilidades clasificatorias resultaría lastimoso. El problema es que si antes se echaba de menos el compromiso en los jugadores, algo fácil de estimular, ahora lo que se pide es poner en valor las capacidades individuales del plantel y ahí no valen joaquinínas de vestuario. Se tienen o no se tienen. Y es obvio que ni en lo que había ni en lo que se ha traído abunda el talento. Rebañarlo hasta sacar la última pizca resultará imprescindible de aquí al final de temporada.

Francisco Pérez

Francisco Pérez

Colaborador de Opinión en Deportes ABC de Sevilla