Reyes celebra el 0-1 en el derbi de la Europa League en el Benito Villamarín
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Reyes, grande de Utrera, orgullo de Nervión

El origen de las dos décadas prodigiosas del Sevilla estuvo en los treinta millones de euros que el Arsenal pagó por el sevillista en 2004
Por  9:34 h.

MUCHO se ha hablado de los orígenes del Sevilla Fútbol Club moderno, de los primeros «culpables» de las dos décadas prodigiosas vividas por Nervión. Siempre se ensalzó la figura de Roberto Alés, que mantuvo al enfermo con vida; de José María del Nido, quien transformó un barco varado en el pasado en una recia goleta desde la que aventurarse a nuevas conquistas; a Monchi, que transformó el bronce en oro, tras un curso apresurado de alquimia futbolística. Hoy, en que el escudo le late al sevillismo con la arritmia que sólo produce la pena más honda, rescatamos la figura de José Antonio Reyes como justo acreedor también a esa paternidad.

Pocas días más amargos en la corta, pero vertiginosa, vida del delantero como el 27 de enero de 2004, cuando hubo de trasladarse a Londres tras ser traspasado al Arsenal. Lo que para cualquier otro hubiera sido un motivo de alegría, para él desembocó en un mar de lágrimas. Con los casi treinta millones de euros que pagó el club londinense por él, la enorme deuda del club sevillista quedó convertida en calderilla. Ahí estuvo el origen de todo.

Roberto Arrocha, jefe de Deportes de esta Casa, convivió con él semanas después de su marcha. El delantero, el mejor asistente de tipos como Henry y Bergkamp, que llevarían al Arsenal a conquistar la Premier ese año, salía a entrenar cada mañana a la campiña inglesa para, tras sacarle una sonrisa a Arsene Wenger, otro hito en su palmarés, recluirse en su casa. Allí, nada más cerrar la puerta, volvía de nuevo a Utrera. Era el único lugar, con los suyos, en el que encontraba calor en Londres. Su dieta, a base de huevos fritos y de jamón 5J, pesadilla para los nutricionistas londinenses, le permitía soportar lo que para él, en su interior, fue siempre un destierro.

Después vinieron más éxitos y títulos, su paso por el Real Madrid y por el Atlético, la selección, y el gozoso día de su vuelta al Sevilla, donde recogió lo que había sembrado años antes: tres trofeos de la Liga Europea que compensaban los que se perdió con Juande Ramos. Ayer, camino de su cuna, se nos fue a la eternidad. Descansa en paz, campeón.

Francisco Pérez

Francisco Pérez

Colaborador de Opinión en Deportes ABC de Sevilla