Roberto Alés, en su homenaje (J. Spínola)
Roberto Alés, en su homenaje (J. Spínola)

Roberto Alés, que estás en los cielos del sevillismo

Sin su arrojo, sensatez y generosidad no es posible entender el Sevilla contemporáneo, ni su transición de club moribundo a laureado en Europa
Por  11:12 h.

Pocas personas tan importantes en la historia del club de Nervión como Roberto Alés García, un Will Kane del fútbol que afrontó, «Solo ante el peligro», la presidencia de la entidad en el año de gracia de 2000. Nadie quería ser el mascarón de proa de una nave ruinosa, quebrada en lo económico y desguazada en lo deportivo. El empresario, debatiéndose entre su conciencia y el temor a un presente tan inhóspito, aceptó dar el paso que le pedían. Tres años más tarde, cumplida su misión, lo dio al costado para no convertirse en un obstáculo a la progresión del Sevilla FC, llamado a convertirse en uno de los clubes más laureados de Europa de las dos últimas décadas.

Alés no levantó ninguno de los múltiples trofeos y títulos que la entidad consiguió en el siglo XXI, pero todos ellos, con distintos «dueños», reposan ahora sobre él, como pedestal sin el cual no lucirían. Sin su arrojo, sensatez y generosidad no es posible entender el Sevilla contemporáneo; sin su inteligencia y honradez, en el deporte y en la vida, no podrá explicarse a las generaciones futuras esa transición de la pobreza a la riqueza del club nervionense.

Si el recordado Antonio Puerta, con su gol al Schalke, cambió la vida al Sevilla, Roberto Alés hizo lo mismo con muchas personas. A Ramón Rodríguez Verdejo «Monchi», que pasó de simple delegado de equipo a cotizadísimo director deportivo; a Joaquín Caparrós, de entrenador en banquillos modestos a técnico en la élite; a un puñado de jugadores «mileuristas» que terminaron millonarios; a José María del Nido, a quien legó un cuerpo sin cables conectados y sin respirador artificial para proyectarlo a la gloria; a Pepe Castro, su fiel amigo, que recogió su testigo desde las sombras para homenajearlo con un hat trick continental; a tantos aficionados de a pie, devolviéndoles sano y salvo un Sevilla que cogió moribundo.

No lo traté mucho, pero siempre oí hablar bien de él, algo muy poco frecuente en estos tiempos que vivimos, tan dados a la maledicencia y a la confrontación. Por eso, desde ayer, está en el palco del tercer anillo del Ramón Sánchez-Pizjuán, en los cielos del sevillismo. Descanse en paz.

Francisco Pérez

Francisco Pérez

Colaborador de Opinión en Deportes ABC de Sevilla