Ocampos, tras ser expulsado en el Valladolid-Sevilla FC (Foto: LaLiga)
Ocampos, tras ser expulsado en el Valladolid-Sevilla FC (Foto: LaLiga)

El Sevilla dio el do de pecho y Ocampos desafinó

Masip no es que se moviera en el penalti de Banega, es que cometió suficientes infracciones para haberle quitado varios puntos del carné de portero
Por  9:10 h.

Tercero. Primeros, los de siempre, salvo las escasas ocasiones en que la mosca cojonera de Simeone está de party, y después él. Superando tras su victoria en Valladolid el mejor inicio liguero fuera de casa de toda su historia. Y con un punto menos de los de siempre y dos más que los de la mosca, a la que esta temporada le está costando ponerse tan pesada como acostumbra. Este Sevilla va fraguando en algo muy esperanzador tanto para el presente más inmediato como para la década a iniciarse la próxima campaña.

Todo esto se resaltaba ayer desde los medios, pero no lo realmente destacable, el trecho que están poniendo de por medio los sevillistas con respecto a quienes ansían igual que él esa plaza Champions que convierte la hojalata europea en oro. A cuatro puntos están Athletic y Real Sociedad, y a seis el pelotón, con Granada y Levante tirando de él y el resto, por lo menos de momento, oficiando de gregarios.

En Valladolid bastó el penalti de Banega. Masip no es que se moviera, es que cometió suficientes infracciones para haberle quitado varios puntos del carné de portero. Se situó detrás de la línea de gol, cuando debía estar sobre ella; corrió hacia delante antes de disparar el argentino, cuando sólo podía moverse en horizontal y acabó rechazando el balón tres metros por delante de la portería. Metro más o menos que Vaclik en el penalti que le detuvo a Diego Costa, pero sin los prolegómenos agravantes. El porqué el VAR revisa unos sí y otros no es un misterio digno de «Cuarto Milenio».

La nota, y no un do de pecho precisamente, la dio Lucas Ocampos. No fue su mejor noche futbolística ni la más inteligente a nivel personal. Sí muy de barra brava argentina. Nacho, su marcador, lo sacó de sus casillas, y al final terminó llamando caradura al colegiado, que no sé si físicamente es la definición más acertada al rostro del Martin Feldman arbitral. Al tipo hay poco que reprocharle, porque con el gusto de los locales por revolcarse sobre el césped, los de Lopetegui podrían haberse vuelto con una tonelada de tarjetas.

Francisco Pérez

Francisco Pérez

Colaborador de Opinión en Deportes ABC de Sevilla