Caparrós, en el Sevilla-Valencia
Caparrós, en el Sevilla-Valencia

Sevilla: Instalarse en el presente y que le den al futuro

El Sevilla, a falta de nueve jornadas, se debe a sí mismo vivir su tiempo, sin el acoso de los recuerdos ni las preocupaciones por el mañana
Por  13:51 h.

Le he pedido a Siri, versión informática del repelente niño Vicente de mis años mozos de escuadra y cartabón, que me sirva alguna frase lapidaria acerca del futuro para epatarles con mi erudición. Me ha servido una sentencia del decimonónico Víctor Hugo: “El futuro tiene muchos nombres: para el débil es lo inalcanzable; para el miedoso, lo desconocido; para el valiente, la oportunidad”. No mejoró la reflexión Joaquín Caparrós ayer cuando le preguntaron por él: “Alavés, Alavés, Alavés”, respondió. Lo inmediato, lo trascendente, el pájaro en mano aunque a la hora en que lo dijo estuviera volando desde Vitoria.

No está nada mal que en el Sevilla haya alguien instalado en el aquí y ahora cuando la mayoría busca respuestas en la bola de cristal. Los accionistas, haciendo recuento de sus títulos y revalorizándolos en la calculadora de sus sueños, que según Augusto Lahore terminarán arrojando resultados oníricos; Monchi, planificando el mañana a la vista de lo poco que ha rendido el ayer de sus sucesores y el anteayer propio; el director de fútbol, el otro yo de Joaquín, decidiendo qué le apetece más la temporada próxima, si ser pirómano o bombero; Jesús Navas, suspirando por ese delantero que se vaya al primer palo y aproveche la fábrica de centros de su diestra; sus compañeros, leyéndose las líneas de las manos (en los pies todo está difuminado y confuso) para intuir lo que les deparará el destino en salud y trabajo.

Todos deberían solicitarle a Siri otra frase inspiradora, por mucho que el mundo del fútbol sea refractario a lo que no sea dinero. ¿Qué tal una de William Skakespeare?: “Emplea el presente en prevenir las aflicciones futuras”. Y comenzar de inmediato. Hoy a las siete y media de la tarde estaría de lujo. Recuperando la fortaleza casera del pasado más lejano y olvidando el reciente, dejando la mente en blanco y en rojo el marcador, apurando las posibilidades que les están regalando sus rivales, con tantos miedos como lo asolan a él. El Sevilla, a falta de nueve jornadas para el término de la Liga, se debe a sí mismo vivir su tiempo, sin el acoso de los recuerdos ni las preocupaciones por el mañana.

Francisco Pérez

Francisco Pérez

Colaborador de Opinión en Deportes ABC de Sevilla