Jordán es felicitado por sus compañeros tras marcar en el Alavés-Sevilla (Foto: AFP)
Jordán es felicitado por sus compañeros tras marcar en el Alavés-Sevilla (Foto: AFP)

El Sevilla, un líder sólido, jugón y antipático

Hubo algo en Vitoria, amén de los tres puntos, que encendió a una parte de la afición: la imagen agreste mostrada por el equipo en momentos puntuales
Por  11:59 h.

No hay nada que le guste más a un sevillano que una anécdota bien contada y la de Julen Lopetegui, definiendo así el liderato del Sevilla tras vencer en Vitoria, chifla a los sevillistas, que le urgen a contarles más y más. Cierto es que ocupar el primer lugar en la cuarta jornada liguera no tiene premio, tanto como que acogerse al latiguillo de que «aún no se ha ganado nada» resulta falso. Por lo pronto, tres partidos consecutivos fuera de casa, algo que viendo el papelón realizado por el equipo la pasada temporada lejos del Sánchez-Pizjuán resulta asombroso.

Poco hay que añadir a lo mucho y bueno visto al equipo frente al Alavés (y a lo poco, pero muy peligroso, que exhibió al final) que no hayan recogido las crónicas. Que sí, que este equipo parece bautizado en el Jordán, que Diego Carlos está hecho de hormigón armado, que con las bandas no hay problemas de octanaje, que Oliver ya le discute el puesto a Banega, que Ocampos le da al ataque la chispa que le falta al grupo y un puñado de virtudes más que sólo tienen en la falta de eficacia en el remate a puerta su gran baldón. De Jong defiende de manera extraordinaria, pero Monchi lo fichó para la delantera.

Hubo algo más en Mendizorroza, amén de los tres puntos, de la solidez defensiva, de las individualidades, que encendió a una parte de la afición: no fue el gran fútbol exhibido en el primer tiempo, donde sólo se existió de blanco, sino la otra imagen mostrada por el equipo en momentos puntuales.

Protestarle en grupo al árbitro una brusquedad rival, no hacerle ascos a la tangana del final, convertirse en antipático para la grada rival, oír con deleite ese «Puta Sevilla» que nunca escuchan los comisarios políticos de Tebas. El Sevilla agreste que tantos partidarios tuvo en la época de los banquillos de Joaquín Caparrós, con una versión muy mejorada en su juego, eso sí. En las redes se celebró sin complejos ser un equipo odiado. «Que nos odien lo que quieran, que para quererlo estamos nosotros», resumían. Ahí, Javier Labandón, hay tema.

Francisco Pérez

Francisco Pérez

Colaborador de Opinión en Deportes ABC de Sevilla