Aficionados y prensa en la capilla ardiente de Reyes en Sevilla
Aficionados y prensa en la capilla ardiente de Reyes en Sevilla

Sevilla, de nuevo sin fisuras en la tragedia

Hay quienes olvidaron que el homenaje era al futbolista, no al conductor del vehículo accidentado. Y se le dio el que se merecía
Por  10:54 h.

Hay una Sevilla indolente, superficial, voluble, masoquista, que tiende a relativizarlo todo pese a la evidencia de su deterioro. Es la misma que se vuelve solidaria, recia, sin fisuras, inmune a los ataques, cuando la golpea la tragedia. Si las últimas setenta y dos horas fueron especialmente dolorosas para la gran familia rojiblanca del Sánchez-Pizjuán por la muerte de José Antonio Reyes y su primo Jonathan, resultó emocionante y consoladora la respuesta de la ciudad desde que el sábado a la noche, al final de la Palmera, en tierras verdes que las quieren verdes, Alejandro Sanz y sus seguidores corearon el nombre de quien tantos disgustos dio en el Benito Villamarín los días de derbi.

El señorío del Real Betis, al desplazarse a la capilla ardiente con una representación institucional desbordante de respeto al rival, entrañable amigo en el duelo; el Real Madrid, con Florentino y la categoría al frente; el plantel del Extremadura, roto hasta el alma; los políticos, dejándose de ver en las duras; los ex compañeros y ex colegas de Reyes, testimoniando en persona o con mensajes su cariño; los miles de sevillanos, mezclando el verde y el rojo con sus lágrimas; los medios de comunicación, echándole horas a las escasas 24 del día. Una piña. No faltó nadie. Ni se pasó lista ni se echó de menos a los ausentes. Estaban los que tenían que estar.

No todo fue un ejemplo de civismo y de respeto a José Antonio. Hubo quien corrió más que él, y fue muchísimo lo que lo hizo el utrerano según lo filtrado, para dar lecciones de urbanidad vial, o para pontificar sobre lo que se podía homenajear o no, o para adjetivar de forma insultante a una persona recién fallecida. Resultó desagradable, sí, constatar una vez más el feble dominio de los tiempos y de las formas de ex compañeros de profesión del futbolista, de políticas talegonas, de gente a quienes se les despertó de pronto un exacerbado afán justiciero.

Olvidaban que el homenaje era al futbolista desaparecido, no al conductor del vehículo accidentado. Y se le dio con la grandeza que se merecía, vaya que sí.

Francisco Pérez

Francisco Pérez

Colaborador de Opinión en Deportes ABC de Sevilla