José Castro, en la junta de accionistas 2018 del Sevilla (EFE)
José Castro, en la junta de accionistas 2018 del Sevilla (EFE)

Vender es su derecho; no a cualquiera, su deber

P.D. El Sevilla se juega hoy la vida en Europa y necesita a todos: vendedores, compradores y espectadores
Por  9:45 h.

Vaya algo por delante: si estoy tieso o temo poderlo estar o que mis títulos se conviertan en papel mojado mañana o lo-que-sea, tengo 1.000 acciones de una sociedad y me ofrecen tres millones de euros por ellas, vendo sí o sí. El «también» se lo dejó a los mayoritarios: unos ricos, otros sin apuros, algunos apurados y pocos (¿ninguno?) indigentes. Sean las acciones del Sevilla FC o de quien fuere, apelen o no a mi ADN sentimental. Vendo. Ya podrían llamarme lo que quisieran. Otra cosa es que mis problemas se solucionaran desprendiéndome sólo de una parte, por ejemplo, y que eso me permitiera, además del alivio económico o el lujo desmedido, seguir paseando por la ciudad sin que nadie me señalase. Parece utópico, pero hay casos en España, el del Atlético de Madrid sin ir más lejos, que lo confirman como posible.

En la intuida venta del Sevilla a un capital extranjero convendría que cada cual aceptara su rol. Los pequeños accionistas, admitiendo que a los mayoritarios les asiste el derecho a desprenderse de sus títulos y que no hay venta mala per se. Podrían jugar sus cartas, que pasarían por lograr los apoyos políticos necesarios y por la formación de un lobby que hiciera llegar a los compradores guiris el sonido de los tambores de guerra. Si tratan de especular con el patrimonio del club, algo nada fácil, tendrían la oposición del poder autonómico o local y de la base social.

Los accionistas mayoritarios, siendo sensibles a que no se debe traspasar el control de una entidad como la sevillista a cualquiera, aunque sea el mejor postor, sino a quien se tenga la certeza moral de que en su gestión primará lo deportivo. No es lo mismo el supermillonario que busca relevancia social o alcanzar la gloria a través del deporte, que un grupo financiero con el objetivo de esquilmar la valiosa mina que es ahora la sociedad sevillista, desdeñando a su activo inmaterial, su fiel afición. Resultaría triste que quienes son iconos de la gran transformación del club pasaran a la posteridad como traidores, a poco de ir las cosas mal. Sería del todo injusto, pero sería.

P.D. El Sevilla se juega hoy la vida en Europa y necesita a todos: vendedores, compradores y espectadores.

Francisco Pérez

Francisco Pérez

Colaborador de Opinión en Deportes ABC de Sevilla