La play de Zidane

El problema del Madrid es de balón: atrás, para sacarlo, y delante, para meterlo

Ignacio Ruiz-Quintano
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Regreso de la alegría al Bernabéu, con una afición que sólo pide pipas, muchas pipas, y un poco de Lucas Vázquez. El Madrid luchaba por demorar el «vicealirón» del Atlético de Simeone, es decir, el alirón del que queda segundo (el Atleti, de «Pupas» a «Pou Pou», en memoria de Poulidor), y se consiguió con un equipo, el de Zidane, que es una banda (¡si hablara Courtois!). Paradas de Courtois, que fue un pim-pam-pum, y goles de Mariano (¡que vuelve el marianismo!). El más contento, Isco, que salió con perilla, que es barba en la barbilla, y que pareció reírse de todo, con su juego liberal de ir hacia atrás, como los liberales castizos y los cangrejos de Herrera de Pisuerga. Alegría, alegría. Hubo 46.294 alegres espectadores en la Castellana. Los demás se quedaron en casa jugando con la play.

Un joven de la Grada del 7 en Madrid lo ha resumido esta semana con un vídeo colgado en Twitter. Plaza de Sevilla, Roca Rey y un Cuvillo más tonto que un bote. El narrador, un extorero, Emilio «Temple» Muñoz, narra: «Vemos cómo lo engancha delante, lo vacía...» Y el espectador, nuestro tuitero, corrige: «Cita con el pico, totalmente fuera de sitio, y despide el muletazo hacia fuera. El destoreo». O lo que se llamaba «destoreo» no hace tanto, porque hablamos de la época gloriosa de Chenel.

Pero el destoreo es la moda de hoy, y los muñoces lo cantan, por ejemplo, y para no dar otros nombres, en los goles, que son faenas, de Messi: redondos, invertidos, adornos, bernardinas… y pasillo; sobre todo, mucho pasillo. Pasillo al Más Grande. Entre toro y torero, el camión de traer y llevar los toros, pero eso ¿a quién importa?

Lo que va de la realidad a lo que se cuenta se llama play-station, así en los toros como en el fútbol. En Madrid hubo un tal Simancas que se presentó a presidente de la Comunidad con la cosa de que era tan pobre que no podía arreglar la play-station de su hijo, y a la gente le dio tanta lástima que le votó, aunque luego la play-station de la política le birló dos diputados y perdió su sillón antes de poder sentarse a arreglar la play del chiquillo. Ahora mucha gente te habla del equipo de play-station que planea Zidane para el Bernabéu, con la defensa de siempre y un centro del campo dirigido por Pogba, del que se espera que corra por Asensio, Hazard, Marcelo, Vinicius y Benzema, misión que Pogba cumplirá mientras no se dé cuenta de que ninguno de esos son Kanté ni Matuidi, pues entonces dejará de correr, lo cual sucederá por octubre, para llegar a noviembre con la Liga perdida, ya que semejante ataque en un fútbol de alta competición es, dicho por Neruda («el Sepu de la poesía») como «asustar a un notario con un lirio cortado / o dar muerte a una monja con un golpe de oreja».

Benzema no es un rematador de cabeza, sino de oreja, y por eso el club (no sabemos si Zidane, aunque nos extrañaría) ha contratado a Jovic, alguien capacitado para meterle un gol al Barcelona, al Atlético y al Ajax, que es donde este año se han resuelto las competiciones, y dejar los «hat-trick» del francés para despachar al Athletic de Herrerín, faena cantada por los muñoces («¡los profesionales!», dicen ellos) del Sistema.

Jovic es, que nos suene, el cuarto Lucas, luego de Luca Zidane, Lukita Modric y Lucas Vázquez. El animal de los Lucas es el toro (pienso en «Cazarrata», el mítico Leviatán de Saltillo que señoreó Las Ventas), animal que ha desaparecido de las plazas de toros, sobre todo en las grandes ferias, donde se despachan unos bueyes de labor perfectamente domesticados que permiten la monería de los arlequines para delicia de «los profesionales», que son los muñoces. El toro es animal sacrificial, y el buen Jovic se sacrificará para que Benzema pueda completar su enésimo trienio. El pretexto es su juventud, otro joven arrebatado al Barcelona, como Asensio, como Ceballos, como Brahim y como Militao, obligando al Barcelona a tener que ir por descartes como el mediocentro Frenkie de Jong o el central Matthijs de Ligt.

El problema del Madrid es de balón: atrás, para sacarlo, y delante, para meterlo. Son dos oficios, los mejor pagados del mundo.

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