Real MadridLa Liga del Madrid, la peor desde el siglo pasado

La imagen de Zidane también se erosiona en este caótico final de temporada. No da con la tecla ante una plantilla que sale al campo con los brazos caídos y que ni siquiera es capaz de motivarse con un ídolo en el banquillo

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Dos meses y medio después de su regreso, Zinedine Zidane ha fruncido el ceño como nunca antes lo hizo en su primera etapa como entrenador del Real Madrid. Si hay una seña de identidad en el francés es su inquebrantable protección, sobre todo en épocas delicadas, de sus jugadores, pero eso se terminó el domingo por la noche en el estadio de Vallecas. Pocas veces un entrenador del club blanco ha salido a la sala de prensa para pedir perdón a la afición por la bochornosa imagen del equipo: «Estoy muy enfadado. Hoy no puedo defender a mis jugadores, esa es la realidad. No podemos jugar así», dijo el galo tras el 1-0 en contra ante el Rayo.

A nadie de la plantilla del Real Madrid le sorprendió la elocuencia pública de Zidane, por mucho que fuera novedad. Los duelos ante Eibar, Leganés, Valencia y Huesca ya obligaron al francés a dar un tirón de orejas a sus jugadores en los descansos de estos encuentros, tras una primera mitad indigna de una institución como el Real Madrid. Ese toque de atención mejoró el rendimiento de los suyos, pero en Vallecas la bronca en el entretiempo no hizo ni cosquillas, evidenciando que ni siquiera el discurso de Zidane ya es relevante en un vestuario al que no le queda ni amor propio. El domingo, tras perder ante el colista de la Liga, el único futbolista en dar la cara fue Vallejo, uno de los jugadores con menos minutos y caché, mientras que futbolistas de peso como Kroos, Modric, Varane, Isco o Bale salían a la carrera. En el caso del galés, literalmente. Gareth no regresó a Valdebebas con el resto del equipo. El británico solo hizo aparición en el autobús oficial para coger el pack de comida y subirse «ipso facto» a un coche privado con destino al aeropuerto de Barajas para disfrutar de los dos días y medio de descanso concedidos por Zinedine Zidane.

Mensaje a Bale

Bale pidió esta semana permiso al club para no volver con el equipo tras el partido de Vallecas y de este modo disfrutar de estas minivacaciones desde el mismo domingo por la noche, en una muestra más de su falta de sintonía con el club que le paga, y bastante bien, por cierto. El galés es consciente que su futuro está lejos de la capital de España y su mente está en cualquier sitio menos en la entidad de Concha Espina. Eso dejó entrever Zidane: «No sé si tiene la cabeza en el Real Madrid. Le tenéis que preguntar a él».

Pero no solo el equipo tocó fondo en Vallecas, con la décima derrota de la temporada, récord de la década. Zidane comienza también a sufrir la decadencia de una plantilla embriagada de títulos y escasa de motivaciones. A pesar de la lamentable imagen del equipo contra el Rayo, el entrenador francés no quiso dar marcha atrás a su programación y mantuvo la doble jornada de descanso de ayer y hoy, que se prolongará hasta mañana por la tarde, cuando el equipo regrese a los entrenamientos a las 17.00 horas. Una decisión que no ha hecho demasiada gracia en la planta noble del club, teniendo en cuenta el número de Vallecas, pero son tantos los frentes abiertos ahora mismo en el Real Madrid que las energías han decidido centrarse en la planificación del próximo curso y no perderse en batallas en las que ya no hay ganancia alguna en el camino. Si Zidane cree que el equipo tiene que tener estos dos días libres, es su decisión. Con todas las consecuencias.

Nada positivo

Y es que el prestigio de Zidane también está en juego en este final de Liga, por mucho que regresara al club con todo perdido. Tenía once partidos por delante para dignificar la imagen del equipo y no ha sido capaz de ganar ni uno de los cuatro partidos jugados fuera del Bernabéu, tampoco de sacar una mejor versión de sus jugadores, no ha peleado por el segundo puesto de la Liga y de once puntos de desventaja respecto al Barcelona se ha ido a 18, la mayor desventaja de la historia del Madrid frente a los azulgranas.

Una muestra más del divorcio absoluto entre el equipo blanco y la Liga, que a falta de tres jornadas para su finalización solo suma 65 puntos, números de hace veinte años, cuando se jugaban los primeros campeonatos de tres puntos por victoria. La plantilla hace tiempo que se dejó llevar, pero por el camino puede que también se lleve un trocito del gigante prestigio de Zidane.