Vinicius Junior dribla a varios rivales en el partido de pretemporada ante la Roma
Vinicius Junior dribla a varios rivales en el partido de pretemporada ante la Roma - EFE

Real MadridVuelve el regateador clásico

La promesa brasileña recupera un arte que combina técnica, potencia y velocidad

MadridActualizado:

Verlo jugar te hace feliz, seas del equipo que seas. Es lo mismo que sucede con Messi o con Cristiano: te gusten o no te gusten por sus colores, los admiras. El regate, ese arte del viejo fútbol, cuando la calidad reinaba por encima del poderío físico, ha vuelto. Vinicius, llamado Júnior en deferencia a su padre, que le llevó a la escuela de fútbol de Sao Gonçalo cuando tenía cinco años, porque vio «algo maravilloso en él», recupera el «dribling» puro para el Real Madrid y para el fútbol español.

Iniesta y Messi definen la esencia del regate en este siglo, la que Vinicius desea heredar. El español se regatea a sí mismo con su caracoleo impredecible. Messi mezcla el toque de balón con ambos interiores de la bota para desbordar no se sabe por dónde, ayudado por una arrancada de diez metros que es imparable. Maradona fue el hombre del «dribling» bonito en los años ochenta. Su técnica de maestro con el balón era prodigiosa, desviaba la pelota diez centímetros con un mero toque. Anteriormente, en los años sesenta, dos ingleses, George Best y Jimmy Greaves, fueron los reyes del regate, en la misma época que Amancio. Best fue una bocanada de energía con su finta eléctrica en el Manchester United, que derrotaba al defensa por la banda o con un cambio de sentido hacia el interior. Greaves hizo grande al Tottenham con su forma de driblar, práctica, a toda velocidad. Atacaba al zaguero, lo superaba y no centraba, sino que disparaba hasta convertirse en el máximo goleador histórico de los Hotspurs, 266 tantos. Vinicius Júnior tiene detales de todos ellos: técnica, bicicleta, velocidad y potencia. Su reto es demostrarlo al más alto nivel durante la próxima década.

La calidad sobre la rudeza

«Tiene cosas del regate de Amancio», señala un hombre importante del Real Madrid. Para Luis del Sol, amigo de Amancio, el gallego tenía «el mejor regate del mundo». Otro brasileño, Armando Ufarte, exhibió la finta en España en aquel gran Atlético de los años sesenta y setenta, junto a Luis, Gárate, Adelardo, Irureta y Collar, otro extremo de espléndido «dribling» en nuestro balompié. Juanito fue el relevo natural de Amancio en la banda derecha madridista, años más tarde. Su talento era impredecible y le llevaba a abandonar el carril del siete» para adentrarse hacia el área. España ha alimentado el fútbol de los extremos, porque nos gusta la calidad, no la fuerza bruta exportada del norte de Europa. Luis Aragonés, con Ufarte como ayudante, acabó con esa obsesión por el físico en la selección española para crear el equipo nacional de «los locos bajitos del arte», la fase es suya, que ganaron la Eurocopa y dejaron la semilla para conquistar un Mundial y otra Eurocopa de la mano de Vicente del Bosque. Luis dio balones a Ufarte desde 1964 a 1974, Del Bosquelos surtió aJuanito desde 1977 a 1984. Hoy, Ufarte y Del Bosque observan que Vinicius juega con el estilo que ellos disfrutaron en aquellas décadas que priorizaban el buen fútbol sobre la rudeza. Amancio Amaro Varela, posiblemente el mejor regate de la historia de nuestro balompié, como Jimmy Greaves y George Best lo fueron para Inglaterra, define ante a ABC al nuevo extremo madridista: «Sí, le he visto jugar, y tiene un regate de calidad y la capacidad de irse del contrario. Posee un quiebro perfecto». ¿Por qué dice eso el mejor artista del engaño del balón? «Porque Vinicius engaña al rival para no volverlo a ver. Cuando se desborda a un adversario, lo importante es avanzar, dejarlo atrás y que no pueda regresar a quitarte el balón”. Amancio encandiló con sus fintas al madridismo y a la afición española desde 1962 a 1976. Ganó la Eurocopa en 1964, año en el que obtuvo el Balón de Bronce. «El fin del regate es deslizarte y dejar atrás a lo contrarios».

El «Brujo», apelativo que recibió por su magia para regatear, asegura que este arte no se puede ejercitar en las escuelas de fútbol ni en ningún sitio: «Con el regate se nace, no se hace. El engaño con el balón es algo intuitivo, te sale del alma, de ti. Lo llevas dentro o no lo llevas, no se aprende en las escuelas. Yo lo llevaba. Vinicius también. Las cosas que le he visto hacer me gustan». Profundiza en las virtudes del joven brasileño: «El regate es el amago, el quiebro, el talento, la velocidad. Vinicius posee todas esas virtudes. Es muy joven y esperemos que se confirme toda esta calidad».

El exfutbolista analiza también a Marco Asensio, que posee otra forma de superar a los rivales en carrera. El mallorquín tiene igualmente en su cabeza, nada más coger la pelota, abordar al contrario. «Asensio juega de manera similar, con esa intención de dejar atrás al defensa, pero no utiliza tanto el gambeteo, es un regate más limpio, con menos especulación ante el enemigo. Marco demuestra una buena conducción del balón, un excelente golpeo, visión de juego y disparo. Es diferente. No es un extremo puro como Vinicius, tiene otras capacidades».

Una «bicicleta» práctica

Francisco Gento, el mejor extremo izquierda de la historia, fue el mejor pasador de balones a Di Stéfano desde 1953 a 1964. «Cuando teníamos problemas y no encontrábamos el camino yo siempre decía a los compañeros que le diéramos el balón a Paco, porque siempre tenía soluciones». Estas palabras las subrayaba Alfredo di Stéfano. Gento las rememora siempre como un recuerdo inolvidable de la mejor era del Real Madrid, que actualmente vive otra época similar con cuatro Champions en cinco años. La Galerna del Cantábrico fue un exterior que combinó el «dribling» con una velocidad endiablaba que se apoyaba en una potencia descomunal. No se podían separar esas tres virtudes. La amalgama de las tres le hicieron un extremo insoportable para los zagueros. Corría como un gamo con pasos muy cortos y repetidos como si pusieran una película a toda velocidad. Pero esa su carrera normal. Daba centros magníficos a Di Stéfano. Y poseía un disparo colosal. «Vinicius tiene un regate excelente, hace la bicicleta de forma muy práctica, efectiva, supera al defensa y crea jugadas de gol, que es lo que importa», comenta Gento. «No tiene un dribling para gustar al público y ya está, penetra en profundidad, es un extremo puro que posee mucha potencia», remata.