Vídeo: Consternación en Solares, pueblo de nacimiento de Alfredo Pérez Rubalcaba - ATLAS
Real Madrid

Cuando Rubalcaba le dijo a Luis Aragonés: «Sé que en el fondo eres del Real Madrid»

En sus duelos con diversos políticos del PP bromeaba: «Lo único bueno es que eres del Madrid». Le contestaban entre risas: «Esa es tú única coherencia política, Alfredo»

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Vimos a Alfredo Pérez Rubalcaba por última vez en el hotel Wellington, hace unas semanas, justo antes de las elecciones generales, tomando un refresco junto a Felipe González. En el salón de ese hotel, donde se puede charlar tranquilo y sin ruidos, mantuvimos con Rubalcaba más de una charla de fútbol a lo largo del tiempo. Era un madridista de pro, incondicional, un forofo reflexivo, nada subjetivo. Autocrítico, cuando su equipo jugaba mal era muy duro. Nada de defensas a ultranza. Por eso se podía hablar bien de fútbol con Alfredo. Veía la paja en el ojo propio, no en el ajeno.

A Alfredo le habría gustado poder asistir a muchos partidos del Real Madrid en el Bernabéu, pero su trabajo en la política le obligaba la mayor de las veces a presenciarlos por televisión. Si no había urgencias políticas, detenía todo lo que estaba haciendo y se ponía a ver al Real Madrid con compañeros de partidos o con amigos. Y hacía análisis meditados de lo que debía hacer Mourinho o de cómo debía jugar Benzema. Siempre veía el «backstage» en el fútbol, no se dispersaba con las lentejuelas de los goles y los aplausos. Reflexionaba sobre el negocio del balompié. Hasta en eso era profesor.

Era tan madridista que con el fútbol no tenía colores políticos partidarios ni partidistas. A varios compañeros del Partido Socialista les dijo muchas veces, con esa sorna burlona, que no comprendía que no fueran del Real Madrid, que el PSOE era un ganador y que para eso había que emular al Madrid. El buen humor limaba muchas asperezas.

En algunas reuniones privadas para negociar cuestiones políticas ya les dijo a varios diputados del Partido Popular, con su ironía, que lo único bueno que tenían era ser, como él, del Real Madrid. Palabras que provocaban risas y eliminaban carga de testosterona en los diálogos complicados. Esas banderillas también las ponía en la distancia corta a sus rivales del PP, tomando un refresco o un café.

Algunos diputados del Partido Popular le devolvían la moneda y Alfredo encajaba bien el golpe. Populares que le contestaron que su única coherencia política, con la risa por bandera, estaba en ser seguidor del Real Madrid. «En eso si eres inteligente Alfredo, en ser madridista», le comentó una vez un político ya fallecido.

En un acto con Luis Aragonés, tras ganar la Eurocopa 2008, Rubalcaba le espetó con humor: «Sé que en el fondo eres del Real Madrid, porque estuviste en el club cuando eras muy joven y eso te marcó»

En ese tono de broma algún barcelonista con asiento en el parlamento escuchó de voz de Rubalcaba que no entendía cómo se podía ser azulgrana y estar siempre pensando en el Real Madrid, «hasta cuándo gana el Barcelona pensáis en nosotros», mascullaba con la sonrisa entreabierta y la retranca copiada de Rajoy.

Los atléticos también se llevaban lo suyo con Alfredo. En un tono distendido les decía que siempre estaban quejándose. En una recepción con Luis Aragonés le comentó, con humor e ironía, tras ganar la Eurocopa 2008: «Sé que en el fondo eres del Real Madrid, porque estuviste en el club en los años sesenta, cuando eras muy joven, y eso te marcó». Hubo carcajadas. Luis, en efecto, perteneció al conjunto blanco en los años 60 y conoció a Di Stéfano, cuando Luis era un chaval y Di Stéfano enfilaba el final de su carrera.

Alfredo Pérez Rubalcaba disfrutaba con los éxitos del Real Madrid. Nunca pudo imaginar que viviría la obtención de cuatro Champions en esta era, precisamente cuando él colgaba las botas de la política y se volvía a poner la bata de la química y el profesorado. Los éxitos el equipo blanco en la Champions han sido su mayor alegría.

Alfredo comentaba que el Madrid estaba viviendo otra época de esplendor como la famosa que protagonizaron Gento y su tocayo Alfredo Di Stéfano en los años 50. Pensaba que era casi imposible calibrar que podrían repetirse aquellas gestas en un fútbol tan competitivo como el de hoy.

Para relajarse le encantaba entablar buenas conversaciones de fútbol, profundas, serias, sobre tácticas y jugadores, bajas y altas. Dirimir quién debía jugar y quien no. Era un buen tertuliano en estas lides. En ese hotel Wellington, y en otros lares, de nuestras reuniones mantuvimos más de una charla hablando de fútbol y de cómo debía jugar el Madrid. Los que jugábamos éramos nosotros, Alfredo y otros tertulianos. Jugábamos a ser Mourinho, a corregir a Ancelotti, a exigir disciplina a Bale, a ser Zidane.

Alfredo se ha ido al cielo y ahora podrá dialogar con su tocayo, el más grande, de cómo volver a ser los mejores. Y Luis Aragonés le podrá contestar que fue muy grande en el banquillo por ser de Hortaleza, castizo, no solo por haberse criado en el Madrid.

Florentino Pérez explicaba ayer esa pasión de Alfredo por el fútbol y el Real Madrid: «Hemos compartido y acumulado juntos horas y horas de conversaciones sobre el fútbol, la política y la vida. Y puedo asegurar que era brillante y que sentía con emoción los triunfos de nuestro club. Un club que amaba, un equipo con el que disfrutaba y sufría, y con él que compartía los valores de la entrega».