Cristian, el «carro de fuego» que ilumina la XXXI KH-7 Nocturna de Sevilla

El joven sevillano participará en la popular carrera junto a nueve compañeros con diversidad funcional

Más de 20.000 corredores inundan Sevilla en la KH-7 Carrera Nocturna 2019

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Si usted va el viernes 27 de septiembre a la XXXI KH-7 Carrera Nocturna del Guadalquivir, de la que ABC de Sevilla es medio colaborador, podrá correr con Cristian. No importa que vaya en una silla de ruedas, o que tenga diversidad funcional, ni que la distancia de una de las carreras populares nocturnas más concurridas de todo el mundo sea de 8,5 kilómetros. Cristian González, sevillano de quince años, estará ahí, como un competidor más, dispuesto a partir desde la línea de salida sabiendo que cada paso que dé le acercará un poco más a la meta. Como a todos.

En su carro cabe toda la luz de la esperanza que ilumina las entrañas de una ciudad dormida que ya le ha visto completar una media maratón y una maratón, entre muchas otras pruebas populares, desde que lleva enfundándose los dorsales de la superación en cada carrera. «La cuestión es pasarlo bien, disfrutar, y correr como los demás», dice el corredor, henchido de orgullo en su silla, a ABC de Sevilla mientras sujeta firme la medalla con forma de estrella de una carrera que homenajea el Casino de la Exposición por la Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1929.

La madre —coraje— de Cristian, Ana Lorenzo, pormenoriza la enfermedad que tiene su hijo, que hace que sus músculos se retuerzan de forma progresiva y no pueda andar, sumada a unos problemas de visión: «Ya que los amigos de Cristian jugaban al fútbol o al baloncesto, él decidió que por qué no iba a hacer él algún deporte y llegar el lunes al colegio para contarlo», declara.

«Para mí supone un desestrés, algo que hacer en el fin de semana. Es una liberación que siento. Parece que las piernas que me llevan son las mías», dice Cristian en relación a sus impulsores: amigos, familia y gente anónima que impelen, de forma desinteresada, olvidando sus marcas y metas, los carros de los jóvenes participantes, que se convierten en capitanes portando el brazalete de la ilusión y un megáfono que anuncia la fiesta.

Cristian, que aún no sabe que ha ganado esa y todas las carreras que le quedan por correr, junto con sus otros nueve compañeros con movilidad reducida, concibe el deporte como un plan divertido en el que cuenta cómo la gente no va a competir. «Va a pasárselo bien. Disfrazada, haciendo el tonto», admite esbozando una inocente sonrisa. A Cristian le encanta presumir de cómo la Asociación Carros de Fuego posee carros adaptados para correr en todo tipo de pruebas. «También hemos hecho esquí y paddle surf. Hacemos diferentes actividades. Vamos a todo lo que nos invitan», asegura el joven.

Cristian quería correr, y cumplió su sueño gracias su amiga Casilda, la pequeña gran precursora, que comenzó haciendo una maratón impulsada por sus padres, «y vieron que disfrutó mucho», según el deportista sevillano. Desde entonces, empezaron a apuntarse varios padres con sus hijos. «Aunque yo soy el más antiguo de la asociación», señala el joven, ansioso por poder escuchar el pistoletazo de salida de una nueva edición de la Carrera Nocturna.

Casilda no puede hablar, pero su madre asegura que sus miradas sí lo hacen. La pequeña amiga de Cristian hizo, con su silla y su familia, el Camino de Santiago en agosto. Como cualquiera. Eso sí, desde la Asociación Carros de Fuego cuentan con fisioterapeutas para que valoren si los niños se adaptan a los carros para que puedan participar en este tipo de pruebas populares.

La asociación confía en que la sociedad va asimilando la inclusión de estas personas en según qué tipo de eventos. Se pasa de la condescendiente pena, a una alegría inusitada para acompañar y a los chicos y formar parte de esa fiesta que el año pasado terminó con aplausos y confeti en la meta: “Poco a poco va derribándose ese muro de la diversidad funcional que a veces no deja ver lo que hay detrás: tan sólo un niño o un preadolescente. Un club deportivo. Como cualquier otro”, dice Alberto, de la asociación.

El próximo viernes 27 de septiembre, las calles de Sevilla se convertirán en una alfombra naranja y kilométrica de gente con ganas de disfrutar del deporte. Si usted participa, fíjese bien en aquellos diez carros de fuego, que no queman, pero arden en deseos de ser animados y vitoreados durante toda una prueba, que es una mera demostración temporal del estilo de vida de unas familias que viven tranquilamente y con entereza. Como la suya. Y que ven cómo el tiempo se les escapa viendo crecer a sus hijos, que siguen cumpliendo sueños a base de empujones por la mayor fuerza motriz que existe: la de la esperanza.