Medio siglo después, Suárez sigue solo MOMENTOS CLAVES

Messi se ha hecho un hueco en el territorio de Di Stéfano, Pelé, Cruyff y Maradona con su segundo galardón

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BBB

En China, Messi consiguió el único triunfo con la selección argentina. Fue a los Juegos Olímpicos merced a un permiso de Guardiola y Argentina logró el oro olímpico de fútbol.

Fue ante el Getafe, en pleno ascenso de Messi como jugador estrella, cuando sucedió esto: un gol a imagen y semejanza del conseguido por su ídolo, Diego Armando Maradona, ante Inglaterra. En la imagen central, su cabezazo que sentenció la final de la Champions de 2009, disputada en Roma contra el Manchester United. Abajo, su debut con Argentina en 2005. Fue en Budapest y el delantero, paradójicamente, acabó expulsado nada más entrar al campo.

Fue el peor instante del año cuando la selección argentina fracasó en el Mundial de la mano de su técnico, Maradona.

Los periodistas sufren porque no hay nada nuevo que contar de Leo Messi, habitual personaje de portada y exprimida al máximo su historia desde que una servilleta le trasladó de su Rosario natal a Barcelona. Era un crío, mucho más pequeño que cualquier niño a los trece años, pero en el Barcelona no importa el tamaño, encantando con un estilo preciosista apto también para futbolistas bajos. Messi levanta sólo 169 centímetros del suelo y gracias, pues se le tuvo que aplicar un tratamiento a base de la hormona de crecimiento que salía a unos 1.000 euros al mes. En Argentina nadie podía pagarlo , el Barcelona asumió gustoso ese gasto y ahora presume de Balón de Oro por segundo año consecutivo, la octava vez que uno de sus futbolistas es condecorado con el premio. Con 23 años y 200 días, es el más joven en lograr semejante hito.

Para todos, y ya de forma oficial, está entre los elegidos, el quinto fantástico que comparte mesa y mantel con Alfredo di Stéfano, Pelé, Johan Cruyff y Diego Armando Maradona. Este tipo de listados va a gustos del consumidor y habrá quien eche de menos a alguno más, pero esos cinco ya son eternos. Messi, empeñado en ganarle tiempo al tiempo, ha ido más rápido que nadie y se pregunta el personal dónde está el límite de Leo Messi, pero nadie parece tener la respuesta.

«A este niño hay que atarlo»

D Con perspectiva, ahora que pasea feliz por el paraíso de los grandes, Messi se acuerda constantemente de sus inicios. «No fue nada fácil», relata Jorge, su padre, encargado de tomar una decisión trascendental cuando movió a su hijo a la otra punta del mundo. A Josep María Minguella, ex agente de jugadores con media vida dedicada al Barcelona, le pusieron en la pista desde Rosario dos colegas (Martín y Fabián) y al ver en acción a ese chiquillo se le iluminaron los ojos. «Lo vi clarísimo, no dudé ni un segundo, era diferente», confiesa. Se puso en contacto con Carles Rexach, entonces secretario técnico del club catalán, que tuvo una reacción similar, pero algo más campechana, fiel al estilo Charly: «¡Cojones! A este niño hay que atarlo», exclamó. El «sí, quiero» se estampó en la servilleta más famosa del mundo. Nunca un trozo de papel dio para tanto. «Yo, Charly Rexach, en presencia de Horacio Gaggioli (representante del jugador) y Josep María Minguella, me comprometo a

la contratación de Lionel Messi en las condiciones pactadas, a pesar de la contra interna que existe en el club».

Su destino estaba marcado y acertó de pleno Nike cuando Messi era un imberbe. «Recuerda mi nombre», sentenciaba en un anuncio que dio la vuelta al mundo. Ahora se le conoce en cualquier esquina y es el ídolo de los niños.

El nuevo Messi tiene mucho de Guardiola, que le rescató a tiempo ya que escampó cierta angustia en el barcelonismo, preocupado al ver que el argentino podía perderse al estrechar tanto sus lazos con el clan de Ronaldinho. Se le ató en corto, le privaron de sus excesos —pizzas, escalope a la milanesa, chocolate y refrescos de cola— y descubrió un tesoro con el pescado, la carne y las verduras. Desde entonces, apenas se ha lesionado.

Le queda la selección, pues lejos del oro de Pekín ha generado más murmullos que aplausos —dos goles en diez partidos este año, uno cada 433 minutos—, pero en 2010 ha destrozado estadísticas. Vale más eso que su papel en el Mundial, que abandonó en cuartos sin haber logrado ni un gol. Con la camiseta del Barça, sin embargo, presume de 58 goles y 17 asistencias en 54 partidos. Aquí tienen al quinto fantástico del fútbol.

La relación de Messi con Ronaldinho fue tumultuosa. Cuando llegó el brasileño era un ídolo, pero de él aprendió mucho y fue el espejo en el que mirarse. Sin embargo, en el club azulgrana siempre temieron que la vida disoluta del jugador brasileño acabase contagiando al futbolista argentino. La familia de Lionel, que le acompaña en la aventura desde el principio, siempre le ha protegido.

Al final, después del fiasco producido por la FIFA (ni un solo premio para ningún español), Luis Suárez seguirá solo en la cumbre del fútbol mundial como único jugador español que ha conseguido el entorchado (1960).

El mítico jugador gallego había mostrado su preferencia por que Xavi Hernández consiguiese el galardón por dos motivos: porque dice que su juego se parece más al del catalán y porque «su año había sido más completo que el de los otros dos candidatos». Pero como diría aquel, no pudo ser.

De cualquier forma, el hecho de que tampoco este año lo haya ganado un jugador español demuestra lo grande que era el futbolista gallego y, sobre todo, lo difícil que es ganar un trofeo como este en el que juegan muchos factores a lo largo de todo un año.