Nadal parte la tarta de celebración de su duodécimo título en París
Nadal parte la tarta de celebración de su duodécimo título en París - ABC
Roland Garros

La enésima reinvención de Nadal

Toni Nadal, Carlos Moyá y el propio Rafael analizan la evolución del estilo del campeón

Enviado especial a ParísActualizado:

La grandeza de Rafael Nadal, palmarés al margen (82 títulos, 18 Grand Slams, 34 Masters 1.000...), radica en su capacidad para regenerarse tantas veces como han sido necesarias, nada que ver aquel niño de greñas y piratas con el ya señor que el domingo abrazaba la Copa de los Mosqueteros. A su evidente cambio físico hay que sumarle una serie de modificaciones decisivas para que su carrera haya llegado hasta aquí, una versión evolucionada del campeón. Ha trabajado toda la vida con el mismo equipo, pero la llegada de Carlos Moyá, en 2017, supuso un soplo de aire fresco para el mallorquín, adaptado a las necesidades de la edad y del nuevo tenis.

«Ha habido el cambio lógico de cualquiera. Cuando pasan los años, vas dejando cosas por el camino y vas añadiendo otras», comparte Toni Nadal, ahora únicamente tío de Rafael, pero seguramente la persona más importante en la carrera del tenista. «Les hago a mis hijos siempre este discurso, pero no me funciona. Les digo: “no es posible hacer las cosas igual que ayer, ni mañana igual que hoy”. Quiere decir que estás en la luna. Lo normal es ir mejorando, y Rafael ha ido supliendo algunas cualidades que tenía y ha ido incorporando algunos elementos».

«Un jugador que en 2005 es dos del mundo y lo sigue siendo en 2019 ha tenido que evolucionar sí o sí», introduce Carlos Moyá, que participa en el debate. «Hay unas carencias físicas propias de la edad porque te vas haciendo mayor, y eso lo cubres con experiencia y conocimiento del juego y evolución. Está en constante evolución y sigue explorando sus límites. Cuando encuentras a alguien tan bueno y con tanta capacidad, el éxito es prácticamente seguro».

Volea y revés

Toni vuelve a la carga y desgrana esa evolución con golpes concretos. «Es verdad que ha mejorado la volea. Ha voleado siempre bien, lo hacía cuando jugaba el dobles, pero no tenía la determinación de subir. Ahora lo hace más veces. El revés, lo comentábamos con Francis Roig, antes le quedaba la bola demasiado en el centro de la pista, no abría el ángulo, y ahora, desde hace unos años, es mucho mejor. Puede que haya perdido potencia en la derecha y las piernas ya no corren tanto como antes, pero es normal. Su nivel sigue siendo muy alto»

Todo es para descubrir a un Nadal más definitivo, de golpes más directos. «Yo lo que quiero -aporta Moyá-, también todo el equipo, es que sea más agresivo. Y eso no solo es pegar más fuerte, ni mucho menos. Es un juego de entendimiento y de posición en la pista. Si le pegas a 150 kilómetros por hora estando cinco metros detrás de la pista y a 10 estando en la línea de fondo, eres más agresivo en la segunda opción. Se trata de quitarle tiempo al rival, y en mi idea se le quita tiempo al rival estando más encima de la línea. Todo ello sin que los tiros pierdan calidad, está claro. Tienes que forzarte más a tirar».

Ahora ya habla el propio Nadal. «Evidentemente las piernas no son las mismas que en 2005 y tienes que suplir cosas que vas dejando por el camino añadiendo otras. A nivel de posición, a nivel de entendimiento del juego, suples esas cosas que pierdes. La única manera de seguir estando competitivos, tanto yo, como Djokovic y como Federer, es porque hemos tenido la ilusión para seguir estando donde estamos. Para que eso ocurra, uno tiene que evolucionar. En tierra juego también diferente, aunque la esencia básica no la he perdido. Pero sí que con el revés construyo mucho más, pierdo menos pista, tengo un esquema de juego diferente. En rápida, es verdad que mi juego ha cambiado». ¿Qué ha sido lo más difícil de ese cambio?, se le sugiere. «Repito, no ha habido nada muy difícil. Lo más difícil es mantener la ilusión por mejorar y buscar soluciones. No es que sea un cambio radical, son pequeños cambios, un proceso lento, pero lógico».