WimbledonEspaña pierde fuerza en la hierba

Solo Nadal y Suárez mantienen las esperanzas en la tercera ronda del torneo, la menor cifra de tenistas a estas alturas desde 2002

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Estos días Wimbledon homenajea a Feliciano López, un jugador sutil, elegante, enamorado de la hierba y que cumple 66 participaciones consecutivas en Grand Slams. En Londres, son 17 ediciones sin saltarse ninguna, desde que debutara en 2002. Aquel año fue el menos propicio para el tenis español, pues solo él -perdió en octavos contra Andre Sa- y Conchita Martínez alcanzaron la tercera ronda. A partir de ahí, España reivindicó su lugar en la hierba. Manolo Santana había roto las reglas en 1966, Conchita Martínez las destrozó en 1994 y las anularon Rafael Nadal (2008 y 2010) y Garbiñe Muguruza (2017). Sin embargo, dieciséis años después de aquel, la sequía de raquetas nacionales a estas alturas de torneo se repite. En este 2018 solo defienden plaza y españolía Nadal ( contra Alex de Miñaur, Movistar Deportes 2, 14.00 horas) y Carla Suárez (contra la suiza Belinda Bencic).

«Es la superficie más difícil que existe», resumía Conchita Martínez. «Cuantos más jugadores de casa ganen más van a conseguir que la siguiente generación se familiarice. Lo comparo con Roland Garros porque al ganar tantos españoles es como el "torneo", si eso pasase en Wimbledon sería diferente», explicaba Muguruza sobre cómo se aprecia la competición de Londres.

La mala suerte en los emparejamientos, el desgaste del calendario o la menor adaptación a la hierba frustraron las esperanzas de volver a pelear por grandes cotas en ambos cuadros individuales. Con mayor peso en el femenino, pues hubo pleno absoluto en segunda ronda, con cuatro representantes, el mayor número de los últimos cinco años, y duelos fratricidas como el Carla Suárez-Sara Sorribes que eliminaron opciones. «Somos muy pocas y no es agradable, pero al final es un partido más», comentó Suárez, nueve ediciones de Wimbledon, cómoda en la hierba y con la esperanza de sumar más alegrías.

España vivió una década dorada a partir de ese 2002. En 2004 hubo cinco representantes, tres hombres (López, Carlos Moyà, Juan Carlos Ferrero) y dos mujeres (Virginia Ruano Ruano y Magüi Serna) en tercera ronda. Muy fructíferos fueron los años 2008, con siete (Anabel Medina, María José Martínez, Verdasco, Ferrer, López, García-López y Nadal campeón), y 2009, con ocho tenistas a estas alturas (Ferrer, Ferrero, Robredo, Verdasco, Montañés, Almagro, Suárez y Medina). La tendencia de tres, cuatro o cinco representantes en el lado masculino se ha mantenido en los últimos años, pero perdió peso el femenino, con supervivientes como María José Martínez en 2011 o Suárez en 2013, 2015 y 2016, y vacíos en 2010 y 2012.

La sequía en esta edición de Wimbledon 2018 evidencia el paso del tiempo, con dificultades para encontrar, sobre todo entre los hombres, recambios que mantengan la ilusión y estos momentos de gloria a los que ha acostumbrado esta generación. Las edades, como la hierba, crecen sin pausa, con los mismos nombres que hace una década: Feliciano López (36 años), David Ferrer (36), Guillermo García-López (35), Fernando Verdasco (34), Nadal (32), Albert Ramos (30). Tiempo es lo que les falta sobre la moqueta a Pablo Carreño (26), Roberto Carballés (25) o Alejandro Davidovich (19), campeón de Wimbledon júnior en 2017.

«Disfrutemos ahora lo que tenemos», repite el balear siempre que se le pregunta por el futuro, consciente de que se acerca para todos. El de Manacor y Suárez mantienen vivas las esperanzas del tenis nacional en la hierba, para que otras generaciones sigan su pasos y para que, quién sabe, alguien supere el récord de Feliciano López, protagonista de dos décadas de sonrisas de España en Wimbledon.