Nadal, el héroe de la mejor quinta
Rafa Nadal
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Nadal, el héroe de la mejor quinta

El balear, en una Cartuja apasionada, suma ante Del Potro el punto decisivo para que España gane otra Davis ante Argentina. Ya van cinco

SEVILLA Actualizado: Guardar
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En la tierra de La Cartuja se extiende la figura interminable de Rafa Nadal, orgullo de la mejor cosecha y el héroe de su quinta, embajador de la marca España porque nadie defiende mejor la bandera que él. Asume el reto de cerrar la final de la Copa Davis, épico como acostumbra porque él es un tenista que ante todo transmite, una cuestión de emociones por encima de los golpes. Sus gritos agitan a una parroquia deslumbrada que celebra vivir ahora para poder contar estas hazañas después, tan corrientes en el siglo XXI que la selección española de tenis gasta los adjetivos y hasta el Rey aparca el protocolo porque Nadal invita a una fiesta de abrazos y sonrisas. Después de cuatro horas y ocho minutos de debate, el balear se convulsiona en el suelo mientras llora Juan Martín del Potro y con él toda Argentina. La Davis se queda en España. Y ya van cinco. [El encuentro, minuto a minuto]

Es para todos, pero realmente emociona al público que lo haga Nadal. Es para Albert Costa, David Ferrer, Fernando Verdasco, Feliciano López, Marcel Granollers (reserva) y Marc López (sparring), pero las fotos de hoy se las lleva quien acostumbra. En definitiva, es el líder de un equipo fantástico que nunca ha fallado y que difícilmente volverá a competir en este torneo con las mismas caras. Pasan los jugadores y también pasan los años, ni siquiera los héroes son eternos. Se anuncia el fin de un ciclo. [Estadísticas del partido]

Del Potro, una bestia

Salvo Nadal, que es para siempre, un jugador infinito que se recupera a tiempo del efervescente arranque argentino. No se encuentra en la pista, barrido por Juan Martín del Potro a base de raquetazos, tan letal su revés cruzado como decisiva su derecha paralela. Al español se le encogen los brazos y aunque corre y corre sin parar jamás encuentra respuesta. Durante una hora, tiempo suficiente como para discutirle la evidencia a lo abultado del marcador (6-1), Nadal va de lado a lado y su rostro se vuelve amargo, ceño fruncido y lamentos, desesperación. Ocurre mientras falla una y otra vez con su saque, incapaz de mantenerlo hasta el segundo parcial mientras Del Potro le castiga sin piedad. Es una hora y 23 minutos sin servicio, pésimo, muy inconstante y errático. Es un mal trago. «Delpo estaba jugando fantástico, pero siempre he creído en la victoria. Ha pegado golpes increíbles, a la altura de casi nadie. Es un jugador fantástico, claro candidato a número uno, por lo que tenía que creer más que nunca», apuntó.

Lo hizo a partir de un juego que valió por todo lo que vino luego. Argentina gana 6-1, 1-0 y 40-0, triple oportunidad para consolidar en el segundo parcial y elevar un poquito más el muro por el que se quiere colar Nadal. Argentina gana por tenis y ambición, obligado Del Potro a un sobresfuerzo inhumano por las cinco horas que se pegó el lunes contra Ferrer. Argentina gana porque es capaz de empequeñecer el mito de Nadal, superado extrañamente por la situación. Argentina gana porque lo merece, pero se olvida de sentenciar y permite que despierte Nadal. Su «vamos» transmite algo, es la señal inequívoca de que está enchufado. Se acabó la siesta.

Cuando España se apunta el segundo set, Nadal pega un brinco que le catapulta hasta el cielo, casi como si hubiera marcado el gol del Mundial. Sólo sirve para nivelar un pulso tremendo, pero es mucho más que eso, es el primer paso hacia el templo, un empujón necesario para desquitarse del pánico que tiene por cerrar la serie. «Nunca había terminado una final. Es muy especial porque estás en casa, ganar en tu país es motivo de emoción para todos», comenta.

Desde la confianza se mueve mucho mejor y rescata sensaciones perdidas. Del mismo modo que es capaz de firmar un primer set horrible con el saque, luego enlaza 26 puntos al servicio —pierde sólo un punto en todo el segundo parcial— y coge carrerilla para desmontar el plan de Del Potro. Se difumina el gigante argentino, aunque la culpa la tuvo Nadal. Le vuela la derecha, se defiende a las mil maravillas con el revés y se desliza por la tierra con una delicadeza única. Nadal está en ebullición. Nadal vuelve a ser Nadal.

En la banda le aplaude el grupo, amigos unidos por la causa y porque les defiende Rafa Nadal. La grada se enreda entre gritos y a Argentina le cae un aviso por el alboroto que montan sus hinchas. Del Potro se va al vestuario para refrescar las ideas, aturdido por el huracán. Y el cuarto set resulta ser apasionante, una entrega imprescindible para entender la esencia de una competición única.

Se juega desde el miedo, igual de lícito para el que gana como para el que pierde. Se suceden los errores y Nadal avanza al mismo tiempo que retrocede. Carrusel de roturas, el marcador se vuelve loco. En estos casos, se impone la cabeza y a Del Potro no le basta con sus hachazos. Tiene amor propio como para llegar al juego decisivo, pero ahí se queda en blanco. Es el momento de Rafael Nadal, el héroe de esta Davis, tan deportista que lo primero que hace es huir del corro español para abrazar uno por uno a los integrantes del banquillo visitante. «Es de las victorias más especiales, por la forma y por el ambiente. Esta Davis está a la altura de 2004». Entonces era un crío de 18 años y hoy es el orgullo de España. La quinta lleva su nombre.