Nadal ejecuta un revés en el entrenamiento previo a la final - ABC / Vídeo: Nadal se cita con la historia en Roland Garros

Roland GarrosNadal, un entrenamiento a ciegas

Nadal se ejercitó sin saber quién era su rival. Comió en el club, jugó al parchís, se fue al hotel a descansar y cenó fuera

Enviado especial a ParísActualizado:

En la víspera, Rafael Nadal repite los actos de manera casi automática. Tiene su gracia que, en una entrevista con una televisión francesa, el español diga que no tiene muchas manías ni supersticiones (salvo la de usar siempre la misma ducha en París) y que no recuerda con exactitud lo que hizo en 2018 antes del duelo ante Dominic Thiem.

Nadal, del mismo modo que es muy despistado con sus cosas, tiene una mente privilegiada para recordar cada punto de los más de 1.000 partidos que ha disputado, y le gusta cumplir con las rutinas, más si cabe en Roland Garros. Por eso se entrenó a las 12 como siempre, por eso escogió la pista cuatro como siempre, y por eso hizo lo mismo de cada día como siempre, no sea que se rompa el hechizo.

Trabajó durante algo más de una hora con Carlos Moyá y Francis Roig (están los dos técnicos para la final) y luego siguió el desenlace del duelo entre Djokovic y Thiem desde la sala de jugadores. Aprovechó la interrupción por la lluvia de esa semifinal para comer, jugó un poco al parchís con su equipo (le sirve también para desconectar) y a las cinco se dirigió al hotel para descansar. Ya en su zona, un paseo vespertino y cena, en principio en pareja y en el restaurante L’Avenue.

«Le he visto muy bien, tranquilo, ya llegaran los nervios mañana por la mañana. Pero ha entrenado a buen nivel y está listo», apunta Moyá después de la sesión. El entrenador de Nadal habla con la satisfacción de ver a su pupilo en plenas condiciones, algo con lo que no contaban hace un mes y medio porque al número dos del mundo se le fue la alegría.

La ha recuperado y siempre en París ofrece su mejor sonrisa, dispuesto a dar un nuevo zarpazo a la historia. Para ello, toca ganar a Thiem, y advierte Moyá de la dificultad que entraña. «Aguanta el físico, aguanta más el peso de la bola que Federer. Thiem ataca dentro de ser un juego de tierra, su juego es muy pesado, te tira para atrás. Esperemos que contra Rafa no lo consiga».

De todos modos, y pese a recordar que en Barcelona se perdió ante el enemigo de esta tarde, Moyá entiende que el partido depende principalmente de lo que proponga el propio Nadal, obligado a llevar la iniciativa. «Entendemos que si Rafa juega a este nivel, va a ser complicado, pero hay que jugar. Cuando Rafa ha bajado un poco, los rivales le han ganado. Su mérito es que siempre ha mantenido la calidad y la intensidad. Si consigue eso, hay menos opciones de que pierda».

Habla ahora Nicolás Massú, que es el técnico de Thiem desde que rompió con Gunter Bresnik, con quien llevaba toda la vida y que le llevaba también los negocios. «Rafa es un jugador único y van a pasar muchos años para que alguien logre lo que él ha ganado», introduce el chileno. «Pero desde niño, Dominic se entrena para buscar estos retos. Qué mejor que jugar contra el mejor de la historia en tierra en una final de Roland Garros», propone.

Massú, primerizo en estas fiestas, lleva tres meses con Thiem, y al poco de empezar la relación llegó el título de Indian Wells, el primer Masters 1.000 para el austriaco. «Tiene talento, golpes... Lo tiene todo a sus 25 años», recuerda. En el palco de Thiem se sentará Kristina Mladenovic, su novia y que se acaba de alzar al número uno de dobles de la WTA.