Simona Halep - Eduardo de San Bernardo
Mutua Madrid Open

Simona Halep se corona por fin en Madrid

La rumana, finalista en la edición de 2014, no da ninguna opción a Cibulkova y se corona en la Caja Mágica por primera vez

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Parsimoniosa, apenas inalterable e inexpresiva, Simona Halep estalló cuando su primer servicio limpió la línea y no encontró respuesta en su oponente. Dejó caer la raqueta y se llevó las manos al rostro, agrandado por una sonrisa e iluminado por sus abiertísimos ojos azules. El título del Mutua Madrid Open era suyo. Se había labrado un buen camino en esta semana y puso la guinda en una final en la que controló el tempo y la agresividad para no dejar respirar a su oponente. 6-2 y 6-4 corroboran su eficacia.

No altera su cadencia de pasos cuando gana ni cuando pierde el punto, Halep solo explota cuando ve la pelota a su alcance. Un latigazo, otro, otro más. Hasta marear a la eslovaca que se encontró con un 2-0 en contra en apenas siete minutos de partido. Un estallido de fuerza controlada, un fogonazo efectivo para golpear la pelota, o también su propio cuerpo cuando el error es propio. Hubo pocos de esos momentos, tan controlada tenía la situación. Cibulkova lo intentó, pero a cada ataque encontraba un contrataque, a cada defensa, un ataque mejor.

La grada, dividida entre gritos de Simona y Dominika, celebró con alegría y aplausos la entrega de las dos. Puntos agresivos desde el servicio que encontraban réplica en la raqueta de enfrente. Tenis de alta calidad entre dos jugadoras entregadas. En blanco ganó Cibulkova los dos juegos que ganó en el primer set, pero Halep se mantuvo firme, concentrada. Como le indicaba su entrenador desde el palco: dedo a la cabeza, «piensa».

Algo más tuvo que pensar en el segundo set, Cibulkova se animó, espoleada por su entrenador y una Caja Mágica oscurecida por el techo, pero brillante en la entrega de aplausos. No era para menos, la eslovaca lo intentó con todo, con un gran tenis con el que había superado las rondas con contundencia: en tres sets a Agnieszka Radwanska, en tres a Caroline Garcia, en tres a Anastasia Pavlyuchenkova, en tres a Sorana Cirstea, en apenas un suspiro a Chirico. Batallas de confianza con las que llegaba a la última frontera. Pero la frenó una Halep superior, con un camino más despejado: sin sudar en su estreno ante Doi, sin sudar en la siguiente ronda ante Knapp, sin tampoco inquietud ante Bacsinszky, con algo más de sufrimiento en tres ante Begu, sin despeinarse ante Stosur.

Sus brazos y su cabeza, quizá más frescos que los de su rival, le otorgaron un plus de adrenalina. También ese agridulce recuerdo de 2014, su otra final, en la que la inexperiencia la pagó contra Maria Sharapova. No lo iba a dejar escapar esta vez, y no lo hizo. Permitió que su rival luchara en sus propios servicios, pero consiguió otro tempranero break en el segundo set y no le tembló el pulso para terminar su faena. Halep se corona en Madrid. Explosión de color en su ropa, explosión de alegría en su rostro. Dejó atrás la imperturbabilidad del partido y estalló de emoción cuando ese saque a la línea le dio el trofeo. Halep, de la nada a la final en 2014. Halep, de la nada al todo en 2016.