Fraude laboral: Lo que la verdad de las cifras esconde
Soraya Sáenz de Santamaría y Fátima Báñez durante la rueda de prensa posterior a un Consejo de Ministros - jaime garcía

Fraude laboral: Lo que la verdad de las cifras esconde

Ram Bhavnani, uno de los principales inversores de nuestro país, dijo sobre España: «Si hubiera tanto paro nos mataríamos los unos a los otros». ¿Nos mataríamos? Quién sabe. Pero, sin entrar en antropologías: ¿quién sabe cuánta gente trabaja bajo cuerda?

javier villuendas
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Rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros del 11 de octubre. La voz amplificada por los micrófonos, y después por la prensa, radio y televisión, es la de Soraya Sáenz de Santamaría. La vicepresidenta del Ejecutivo hace balance del año y medio del plan de lucha contra el fraude fiscal y a la Seguridad Social, «el más ambicioso de la historia reciente de nuestro país», y anuncia que el Gobierno ha detectado a 520.572 parados «que cobraban la prestación por desempleo y que trabajan en B». La cifra es más que impactante puesto que representa que alrededor del 20% de los receptores defrauda, ya que casi 2.800.000 parados recibían entonces algún tipo de prestación. Escasos minutos después de las palabras de Santamaría, fuentes del ministerio de Empleo aclaran los términos. Una gran mayoría de esos más de 500.000 falsos parados a los que aludía la vicepresidenta lo eran por problemas administrativos, como puede ser por no presentar los papeles necesarios o no acudir a la cita previa. Se trataba para la mayor parte de los casos de suspensiones temporales.

En agosto de 2010 ocurre algo similar. David Cameron, que lleva pocos meses como primer ministro del Reino Unido, promete una combativa campaña contra «el fraude y el error» en las prestaciones y que cuestan al contribuyente 5.200 millones de libras cada año, como «200 escuelas o 150.000 enfermeras». De nuevo, las cifras vuelven a bailar pegadas, error y fraude, ya que sólo 1.600 millones pertenecen a la segunda categoría, cantidad que además aúna las de dos carteras: Hacienda y Trabajo. Y para añadir más madera al debate de los números que no son, viene César Alierta, el presidente de Telefónica, y afirma que la economía sumergida en nuestro país, que él cifra en un 20% del PIB, distorsiona la tasa de paro, que en realidad es mucho más baja. Y que de alguna manera secunda lo que ya dijo Ram Bhavnani, uno de los principales inversores de nuestro país: «Si hubiera tanto paro nos mataríamos los unos a los otros». ¿Nos mataríamos? Quién sabe. Pero, sin entrar en antropologías: ¿quién sabe cuánta gente trabaja bajo cuerda?

«El paro indudablemente es real y la EPA está reconocida como una de las estimaciones más solventes. El que puedan trabajar en la economía sumergida no indica lo contrario. No me equivocaría si digo que todas esas personas están deseosas de encontrar un trabajo en la economía real», dice José María Mollinedo, secretario general del sindicato de técnicos del Ministerio de Hacienda (Gestha). «Se viene a decirnos que los "parados" son falsos porque muchos trabajan y son "empleados irregulares". Sin embargo, esta afirmación no es válida desde el punto de vista científico», comenta al respecto Domingo Carbajo, inspector de Hacienda, que habla también de que «sería bueno dejar en España de utilizar alegremente datos y cifras sin ningún contraste y sin ninguna validez en materias socialmente muy delicadas».

Precisamente con la última EPA de 2013 recién salida del horno, que informa de una tasa de paro mayor del 30% en Huelva, Toledo y Alicante, por ejemplo, y en vista de la paz social existente («Gamonales» aparte), la conclusión de Bhavnani hay que plantearla.«Que no haya situaciones explosivas en muchos lugares con elevadas tasas de desempleo viene motivado por una mayor cifra de economía sumergida, al colchón familiar y algunas instituciones. Creemos que hay una tasa alta de fraude laboral, pero datos oficiales no hay», explica el secretario general de Gestha.

«¿De verdad vamos a resolver el fraude o la economía sumergida si ni siquiera sabemos qué volúmenes alcanza?», se pregunta Carbajo, autor junto al catedrático de Economía Aplicada de la Autónoma de Madrid, Santos Ruesga, de un estudio que estima que la economía extraoficial alcanzó el año pasado el 28,7% del PIB. «Datos reales es difícil que se conozcan, pero el fraude laboral está bastante generalizado. Es un tema delicado porque enseguida te recuerda a las personas que están moviéndose lo que pueden o los que viven una tragedia familiar porque ningún miembro trabaja», dice Sandalio Gómez, profesor del IESE y experto en temas laborales, que añade: «Lo cortés y lo justo es actuar con dureza con los “caras” y volcarse con los más necesitados».

A mediados de este mes, la ministra de Empleo y Seguridad Social, Fátima Báñez, adelantó que el plan de lucha contra el fraude laboral había conseguido aflorar 161.381 empleos irregulares en los dos últimos años. Como se ha mencionado antes, tal número incluye tanto el trabajo «en negro» como los errores administrativos de todo tipo o, por ejemplo, trabajar en una categoría inferior a la que se realiza y cobra. De nuevo se lanzaba una cifra sin desglose, aunque la ministra anticipaba el informe detallado que se hará público durante este primer trimestre de 2014. Pero, ¿es correcto ofrecer los datos de esta manera? «Esto es un defecto que hemos visto en la exposición y que creemos que aleja la cuestión», dice Mollinedo.

En un ejemplo se observa mejor la importancia del conocimiento minucioso. En el primer semestre de 2013, Empleo retiró a 60.004 parados la prestación por desempleo, según hizo público la propia Báñez en agosto, de los cuales a 5.833 se les quitó por recibirla a la vez que trabajaban ilegalmente. «Mirado en conjunto esas 5.000 personas no es una cifra muy abultada. Nosotros creemos que el foco no debería centrarse en el trabajador que intenta sobrevivir irregularmente sino sobre las empresas que pagan en B», apunta el representante de Gestha. «Como economista, no me parece serio el discurso de las "grandes cifras" del paro, economía sumergida, etc. si el mismo no va acompañado de una descripción de las fuentes estadísticas en las cuales se basan los datos y de las cifras utilizadas», afirma Carbajo, que hace distinción entre lo que él llama «afirmación política» y «afirmación científica», en un sentido como el que apunta el escritor británico Owen Jones en su libro «Chavs», en este caso referido al ejemplo inicial de Cameron: «Rebatir que el fraude en las prestaciones es exagerado no equivale a negar su existencia». Jones, de hecho, denuncia un uso torticero de las cifras por parte del líder de los conservadores británicos: «Se aseguraba que una cifra mucho mayor apareciera en los titulares asociada al fraude en las prestaciones y quedara grabada en la imaginación popular».

Hundidos en la economía sumergida

Ampliando el campo de batalla a la economía sumergida total, en la mayoría de estudios al respecto España ocupa un lugar en la parte alta de los países europeos con mayor impacto de este fenómeno, formando la triada de la ignominia junto a Italia y Grecia. Sin embargo, no hay datos oficiales sobre esta realidad, algo que, en opinión de Carbajo, revela que «los políticos no quieren decir la verdad en asuntos que no les interesan, a pesar de que si algo no se puede medir, no se puede resolver». ¿Por qué el porcentaje de economía irregular es tan alto?

«Para exponer las causas de la economía sumergida —que no son "culturales", como algún pensamiento xenófobo pretende, atribuyéndolas a los "rasgos de los pueblos latinos" y otras memeces racistas— necesitaríamos conocer de qué estamos hablando y tendríamos que precisar su contenido», insiste el inspector de Hacienda. Mollinedo apunta a causas de procedimiento para explicar el crecimiento de la economía extraoficial. Desde que se creó la Agencia Tributaria en 1992, explica, cada año sin excepción se han cumplido los planes y los objetivos establecidos, que se proyectan de una manera incremental, que suele ser añadir la inflación prevista. «Pero si miras los estudios de economía sumergida que se han publicado de manera no oficial, de manera oficiosa, como los de Funcas o los de distintas universidades, verás que todos coinciden en que la economía sumergida crece cada año en volumen». En conclusión, se cumplen siempre los objetivos pero cada año se incrementa la economía sumergida.

Según cuenta el secretario del sindicato de Técnicos de Hacienda, esta ineficacia en el sistema por supuesto que se ha planteado, aunque no con la acogida que cabría esperar. «Todos los gobiernos se han contentado con ir cumpliendo los objetivos cada año para ir ofreciendo unos datos muy buenos de lo bien que se ha quedado respecto al año anterior». O sea, otra vez a vueltas con el manejo de las cifras. Y, en la época del mantra de la reducción del déficit, Mollinedo cree que se está permitiendo que la economía sumergida exista en tamaña proporción, con la pérdida de ingresos que vendría de la mano de un mayor afloramiento.

«Hemos visto como con otras políticas administrativas han conseguido por ejemplo reducir la siniestralidad en el tráfico. Han sido necesarias muchas medidas coercitivas y también concienciación ciudadana. Se ha demostrado que los ciudadanos nos atenemos más al control de la velocidad, de alcoholemia,… Cuando hay una decisión para reducir un resultado, se consigue. Y con el fraude laboral y fiscal no ha habido esa implicación», sostiene el de Gestha, para plantear nuestra particular y bastante primordial gesta: «Queda mucho camino por recorrer, pero el primer objetivo es reorganizar el nivel de competencias para que tengamos mucha más ambición en la lucha contra la economía sumergida y no sólo en las pequeñas irregularidades». En efecto, se refiere al reparto de la tarta del fraude, al hermoso y mayoritario trozo que se comen las grandes empresas.