Europa-Estados Unidos, un tratado transatlántico varado en aguas financieras
El comisario europeo de Comercio, Karel De Gucht - inés baucells
pacto comercial

Europa-Estados Unidos, un tratado transatlántico varado en aguas financieras

Bruselas busca introducir en el acuerdo la regulación bancaria ante la oposición de Washington

javier tahiri
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Enlazar Europa con Estados Unidos ha sido siempre una fantasía recurrente a ambos lados del océano. Además del barco y el avión, en 1888 el hijo de Julio Verne, Michel, escribió un relato de ficción en el que planteaba que un túnel por debajo del Atlántico uniese la costa norteamericana con la inglesa. En los sesenta, incluso, hubo proyectos de corredores ferroviarios que enlazaban Nueva York y Londres en menos de una hora. Medio siglo después se han rebajado las ambiciones para integrar ambas regiones. O no. Desde el pasado mes de julio, Estados Unidos y la Unión Europea negocian un acuerdo comercial para eliminar barreras y aranceles entre las que son las dos mayores potencias económicas del planeta: una alianza que se traduciría en 160.000 millones de dólares de beneficios para Europa y 130.000 de lado EE.UU.. La fecha límite marcada apuntaba a tener un proyecto preparado antes de que el nuevo Ejecutivo comunitario tome el mando el próximo mes de octubre tras las elecciones europeas. Pero a medida que pasan los meses, se van multiplicando los obstáculos del acuerdo y la unión comercial sigue sin conseguir trascender el boceto.

La banca será el principal obstáculo a evitar en las negociaciones que mantendrán mañana, lunes 17 de febrero, el comisario europeo de Comercio, Karel De Gucht con el representante norteamericano, Michael Froman. La UE es favorable a que la regulación de los mercados financieros se incluya en el tratado pero Estados Unidos se opone ante la posibilidad de que entidades norteamericanas se aprovechen de ello y sorteen los límites impuestos por la ley Dodd-Frank, aprobada en 2010 para endurecer la regulación sobre los bancos estadounidenses.

«Si no se logra el marco regulatorio apropiado en este punto las tensiones financieras que podría generar un acuerdo inadeucado podrían ser contractivas. El acuerdo tiene áreas más fáciles con vistas a llegar a un acuerdo que la financiera y lo lógico sería conseguir el consenso en ellas primero», avisa desde Washington Nicolas Veron, economista del Instituto Peterson.

La UE pretende incluir el aspecto financiero en el tratado para darle mayor empuje. «Ello le daría un mayor compromiso político, ya que el acuerdo entre la UE y los EE.UU. deberá ser aprobado por los parlamentos nacionales. Además, a las multinacionales les beneficia que se incluya la regulación bancaria, ya que abarataría sus costes financieros», afirma Diego Valiante, director de investigación del European Capital Markets Institute (ECMI) que destaca que, por su parte, EE.UU. teme vulnerar la independencia de los reguladores nacionales. «Pero las leyes norteamericanas y europeas no son tan distintas en este tema: van en la misma dirección y podrían integrarse», considera.

Empresas contra estados

El otro frente abierto es cómo el acuerdo transatlántico podría beneficiar a las multinacionales en litigios contra los estados. «La aceptación de un mecanismo para disputas legales entre inversores y países significaría abrir la puerta a las grandes corporaciones para hacer valer sus intereses frente a la legislación de la UE», denunció el europarlamentario socialista Bernd Lange. «Esto privaría a los estados de margen político en ámbitos tan importantes como la salud y el medio ambiente». O los derechos laborales.

Uno de los casos más citados es el de la tabacalera norteamericana Philip Morris contra Australia. La compañía denunció en 2011 al Gobierno de Camberra por introducir una ley sobre el envasado de tabaco amparada en el acuerdo de libre comercio del país con Hong Kong.

Ante las críticas, el pasado mes de enero Bruselas abrió un diálogo con agentes sociales y «think- tanks» para tratar de evitar casos como el australiano. «La Comisión Europea no inventa nada nuevo, sigue una estrategia que está firmemente anclada en las políticas nacionales y los tratados vinculantes», defendió De Gucht, que advirtió que ésta sería la única parte del acuerdo que se iba a someter a debate.

«El tratado beneficia a las multinacionales que podrán denunciar a estados con el amparo de la ley», arremete el profesor de Economía política de la Universidad de Brown (EE.UU.), Mark Blyth.

Lo cierto es que las enormes diferencias entre ambos bloques complican un pacto. Pero los también enormes incentivos económicos de que el tratado transatlántico llegue a buen puerto explican el gran interés en conseguirlo. Según la Comisión Europea, el acuerdo proporcionaría un 0,5% del PIB europeo al crecimiento de la UE en su conjunto. La Fundación Bertelsmann estima que la unión comercial también favorecerá la revitalización del empleo ya que una integración profunda supondría la creación de dos millones de trabajos, 143.098 en España, el tercer incremento más alto entre los países implicados.

«Todas las cifras sobre el impacto positivo del tratado para la economía europea dependerán de la profundidad del mismo. El acuerdo es muy delicado con aspectos espinosos como las barreras o las tarifas arancelarias en sectores como la agricultura o cuál será la forma de regular sectores hipercontrolados como el financiero o el de las telecomunicaciones», resume Federico Steinberg, investigador principal de Economía Internacional del Real Instituto Elcano. En esta alianza entre potencias, el reto es que la suma sea mayor que las partes. Y en una crisis que ha puesto en evidencia las flaquezas de una unión (monetaria, eso sí) entre economías diferentes como las europeas, pocos quieren precipitarse.