Javier Benjumea Puigcerver, fundador de la sociedad Abengoa
Javier Benjumea Puigcerver, fundador de la sociedad Abengoa - efe

El centenario de Javier Benjumea, el gran patrón del siglo XX

El 14 de enero se cumple un siglo del nacimiento del empresario andaluz y fundador el grupo Abengoa

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El próximo 14 de enero se cumplen cien años del nacimiento de Javier Benjumea Puigcerver, el empresario andaluz más relevante del siglo XX. El legado más reconocido de este ingeniero del ICAI (escuela politécnica vinculada a los Jesuitas) es Abengoa, única compañía andaluza del Ibex 35. Sin embargo, una parte del tejido productivo de la región no se puede explicar sin detallar su trayectoria. Fue, en efecto, el factótum de la firma que nació en 1941 con el acrónimo del nombre de sus fundadores (Abaurre Fernández Palasagua, Benjumea Puigcerver, Gallego Quero, Ortueta Díaz-Arce y Abaurre Herrero de Tejada). «En aquellos años de autarquía dos compañeros de carrera junto a tres personas amigas y familiares decidimos fundar una sociedad con toda la ilusión y el sentido de la responsabilidad que la creación de una empresa requieren», rememoró en el cincuenta aniversario.

El objetivo inicial era la fabricación de contadores eléctricos monofásicos de cinco amperios y, aunque desarrollaron un prototipo, fueron incapaces de lanzarlo al mercado por la imposibilidad de lograr las materias primas necesarias y el capital para producirlo a gran escala. Esto les llevó a reconvertirse en una firma de reparación y mantenimiento de motores y máquinas para grupos como Hispano Aviación o Cruzcampo. «Esta capacidad de cambio, evolución y adaptación es el hilo conductor de su historia», relata la biografía que realizaron Javier del Hoyo y José María Escriña. «En los primeros tiempos él mismo atendía los trabajos de supervisión de instalaciones desplazándose primero por la ciudad en bicicleta y más tarde por la provincia con una moto Guzzi y unos alicates en el bolsillo». En 1943 reorientó la actividad hacia el diseño y la ejecución de montajes eléctricos, como líneas de alta tensión; un año más tarde entra en la órbita de Renfe en la señalización de vías y la construcción de catenarias y, en 1947, inicia la expansión nacional con una delegación en la calle Alcalá de Madrid. Entra en los cincuenta como una empresa consolidada y ejecutando las grandes obras de infraestructuras de la época (como los planes de regadío).

Río Tinto

A partir de esos años Benjumea hace su aportación decisiva a la configuración del mapa industrial andaluz. En colaboración con Carlos Sundhein (vinculado al sector minero) negocia con gran eficacia con Rio Tinto Company la nacionalización de esta explotación onubense (un anhelo tanto del grupo británico como del Gobierno español). Comienzan una serie de reuniones en París y Londres que culminan con una oferta de compra de 8 millones de libras esterlinas. El Banco de España -presidido por su tío Joaquín Benjumea- aprueba la propuesta y se crea en 1954 la Compañía Española de Minas de Río Tinto, respaldada por el Banco Español de Crédito y un consorcio de cinco entidades (Bilbao, Vizcaya, Urquijo, Central y Exterior. En 1958 asume la presidencia y bajo su mandato se construye la refinería de Petróleos de la Rábida en alianza con la estadounidense Gulf Oil Corporation en 1965 (hoy de Cepsa) o la fundición de cobre junto a la canadiense Patiño Mining (hoy Atlantic Copper). Así nació la que aún hoy es la mayor concentración industrial de Andalucía.

Previamente, en 1959 -a petición de los bancos accionistas y debido a un accidente de aviación en el que perdieron la vida el presidente y el director general- había asumido la presidencia ejecutiva de Industrias Subsidiarias de Aviación (ISA). En 1965 vendió la actividad dedicada a la fabricación de cajas de cambio a Fasa Renault, con la condición inquebrantable de que la factoría permaneciese en Sevilla. Y ahí sigue como una de las realidades fabriles más destacables de la capital andaluza.

Despegue de Abengoa

«Desde muy joven, Dios quiso darme una gran facilidad de imaginar y poner en marcha muchas clases de negocios, por lo cual mi vocación más clara ha sido la de empresario». Así se expresó Benjumea en su proclamación como Doctor Honoris Causa por la Universidad de Sevilla. Con este espíritu, tras las dos primeras décadas de vida de Abengoa llegó el gran salto. En los sesenta la compañía fue pionera en la internacionalización de sus operaciones en América Latina, participó en la puesta en marcha de la central nuclear de Zorita, se fijó como objetivo entrar en el negocio de las telecomunicaciones y desarrolló su filial en electrónica. Los setenta son de gran expansión de la mano de clientes como Telefónica y del desarrollo del Plan Energético Nacional (orientado a reducir la dependencia del petróleo), además de crecer en el sector químico y la automoción. Y en los ochenta perfila su entrada en las renovables con el desarrollo de su primer parque eólico. «Forjó un equipo que generó una continua concatenación de osadías ingenieriles que definen el ADN de una compañía que jamás se ha tenido miedo a lo desconocido y ha retado permanentemente el statu quo», afirma Manuel Sánchez Ortega, consejero delegado de la multinacional andaluza, que añade: «Enseñó a los directivos que siempre hay que pensar en cuál será el desarrollo tecnológico de los próximos 20 años para estar en la vanguardia».

Como legado del fundador, el actual primer directivo de Abengoa reseña la relación con Sevilla. «Hay muchas cosas de esta ciudad que no se pueden entender sin nuestro fundador; Sevilla se ha portado muy bien con Abengoa y viceversa». En este momento la firma que preside Felipe Benjumea Llorente tiene el 85% de su negocio fuera de España pero «jamás se ha planteado el que la sede no esté en Sevilla, ya que desde aquí se expande a todo el mundo mientras preserva su historia y su identidad».

Promovió la Fundación Focus, fomentó la formación profesional para jóvenes sin recursos y el Rey Don Juan Carlos le otorgó el Marquesado de Puebla de Cazalla. Al fallecer en 2001, siguiendo sus deseos, en su esquela figuró un solo título: «Ingeniero del ICAI».