El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, junto al mandatario estadounidense, Donald Trump, en el encuentro que mantuvieron en julio de 2018 en Washington
El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, junto al mandatario estadounidense, Donald Trump, en el encuentro que mantuvieron en julio de 2018 en Washington - REUTERS

Boeing contra Airbus, una guerra comercial de altura entre Estados Unidos y la Unión Europea

La compañía americana anticipa pérdidas millonarias por el devenir de las dos tragedias del modelo 737 Max que dejaron 346 muertos

EE.UU. y la UE tensan sus relaciones por las ayudas ilegales que dieron a sus respectivas empresas y retoman la escalada arancelaria

MadridActualizado:

En la Comisión Europea repiten como un mantra que no negocian «con una pistola en la cabeza» con Estados Unidos. Lo dijeron hace un año con los aranceles al acero y al aluminio e insisten ahora respecto al sector del automóvil y también la aviación. Precisamente este último ha desatado las tensiones entre ambos bloques después de leves acercamientos a lo largo de 2018 y principios de 2019. Cuando las conversaciones parecían encarriladas, cuando dos socios tradicionales entraban a dejar de lado sus problemas, Boeing se vio sumida en un cúmulo de catástrofes. En cuestión de seis meses dos de sus aviones cayeron y dejaron tras de sí 346 muertos; y hace algunas semanas la Organización Mundial del Comercio (OMC) dictó que los norteamericanos estaban dando ayudas ilegales a su empresa. La guerra Boeing-Airbus por el liderazgo en la aviación mundial ha sido la mecha que ha prendido de nuevo las hostilidades.

El modelo 737 Max ha desatado una de las mayores crisis de Boeing. Primero fue en Indonesia donde se estrelló la primera nave en octubre de 2018 y en marzo de este año hizo lo propio otra en Etiopía. Tras este último suceso, la compañía se dejó más del 12% en Bolsa en cuestión de una semana. Más tarde, suspendieron las entregas de este tipo de avión; el mundo cerró sus espacios aéreos a este modelo; bajaron de 52 a 42 la producción mensual de este aparato; Garuda Indonesia fue la primera aerolínea en cancelar un pedido de 49 aviones 737 Max por valor de unos 5.400 millones de euros; JP Morgan cuantificó en alrededor de 900 millones las pérdidas este año por el caos del desastre y Boeing coincidió en un informe posterior; y así hasta la fecha...

Los acontecimientos acosan a la empresa. Por ello, Dennis Muilenburg, consejero delegado, entonó el «mea culpa» por los fallos técnicos de sus aviones -las investigaciones y revisiones apuntan al software MCAS de las naves-, aunque más tarde dejó en el aire que también podría haber algo de responsabilidad en errores humanos. A los pilotos habrá querido señalar. Esta reacción a la defensiva surgió apenas una semana después de que una investigación del «The New York Times» constatara que Boeing utilizó durante la última década «una producción de escasa calidad y una débil supervisión que han amenazado con comprometer su seguridad». El principal diario estadounidense dando casi la estocada definitiva a un emblema norteamericano.

Lo cierto es que, como se dice, a Boeing «le crecen los enanos». Y Airbus no ha logrado rentabilizarlo; de hecho, ganó un 86% menos en el primer trimestre por la suspensión de Alemania de las exportaciones militares a Arabia Saudí. Tampoco decidieron aumentar la producción de su A320neos, el competidor director del 737 Max, y mantuvieron su objetivo de 60 aviones mensuales a mediados de año y 63 en 2021. Entre sus ventajas, al menos, está que los analistas auguran que el modelo de Boeing no volverá a volar hasta septiembre, cuando se hayan subsanado los problemas y realizado las pruebas de software pertinentes. Entre tanto, la compañía estadounidense tendrá que enfrentarse tanto a demandas individuales como colectivas por los dramas de Indonesia y Etiopía. Airbus, así, no parece estar buscando ahondar la herida de su histórico competidor, sino mantenerse al margen, continuar con su estrategia y que el tiempo sea el dicte sentencia.

Entre todo, la OMC concluyó que EE.UU. dio ayudas ilegales a su empresa autóctona... y eso le sirvió a Trump para salir al rescate de los suyos. Primero con retórica al señalar a Airbus por haber recibido también ayudas ilegales de la UE -como constató asimismo la OMC- y segundo con amenazas reales. Publicó una lista de cientos de productos europeos para imponer aranceles por valor de unos 10.000 millones de euros, frente a lo que el Viejo Continente respondió con idéntica amenaza, pero de casi 18.000 millones.

«Las relaciones están en un punto muy caliente. Además, parece que Trump no está dispuesto a aceptar la resolución de la OMC. Sin embargo, esto se trata de un elemento añadido a lo que es ya un enfrentamiento histórico. Las amenazas constantes de aranceles perjudican a las empresas emblemáticas de ambos bloques. Pero recordemos que Boeing y Airbus son dos grandes compañías: a corto plazo pueden verse perjudicadas pero a largo están en disposición de solventarlo», dice José Ramón Sánchez Galán, profesor de EAE Business School. En Bolsa, al menos, Airbus se ha revalorizado un 145% en cuestión de cinco años y Boeing un 185%. De no haber ocurrido la catástrofe de Etiopía, ahora el valor bursátil del segundo sería de un 236% más que hace un lustro. Ha dañado a la compañía, pero los números continúan saliendo... de momento.

Posición contradictoria

Desde la Comisión Europea mantienen la cautela. Prefieren mantener todo abierto -dicho por la responsable de Comercio, Cecilia Malmström-, aunque en la práctica utilizan la estrategia del «ojo por ojo» para no dejarse avasallar. Es más, recientemente el Consejo Europeo instó a la Comisión a buscar un acuerdo comercial para eliminar los gravámenes a la siderurgia. «Suena bastante contradictorio buscar un acuerdo para eliminar los aranceles al acero y al aluminio y, al mismo tiempo, amenazarse por el caso de la aviación. Estados Unidos lo que busca es una posición de fuerza para poder presionar», sostiene Juan Carlos Martínez Lázaro, profesor de Economía de IE University.

Esa posición de fuerza que ansía Trump es el dilema de los analistas: «El problema está en saber si la Administración Trump solo quiere llamar la atención o si realmente quieren desmantelar la estructura de comercio. Puede tratarse de que Trump solo esté yendo de farol, además de que ha entendido mal el déficit comercial que tiene Estados Unidos», dice Mike Rosenberg, profesor de Dirección Estratégica del IESE Business School.

Todos los expertos consultados coinciden en señalar que esa ayuda artificial de EE.UU. y la UE a Boeing y Airbus no beneficia a ninguna de las dos empresas. Incluso, hay quien habla de que están allanando el camino al futurible líder de la aviación chino. Sin embargo, la situación entre los dos titanes del sector no es ni mucho menos similar. Lázaro constata que Boeing está en «una situación mucho más delicada y, por ello, EE.UU. quiere beneficiarles. Si no hubiera ocurrido el problema con los 737 Max, no se habría llegado a esta situación».

Las tensiones están por las nubes, nunca mejor dicho, pese a que la Comisión niegue el enfrentamiento. El mensaje que tratan de transmitir es el de que EE.UU. es todavía un socio fundamental y que los problemas son apenas superficiales. Aun así, el clima entre bloques es difícil de disimular con las declaraciones beligerantes de Trump y la respuesta en un tono similar de la UE. El 6 de mayo se reunirán representantes de ambas administraciones para sentar las bases de un futuro encuentro entre Malmström y Robert Lightzinger, representante de Comercio norteamericano. Será entonces cuando midan personalmente hasta dónde están dispuestos a llegar. Sin olvidar tampoco, que los automóviles continúan estando en el punto de mira del presidente Trump, con un posible arancel del 20-25%.

Todos los escenarios planean ahora sobre la mesa. El objetivo -al menos europeo- es no llegar a una guerra comercial abierta pero el caso Boeing-Airbus no invita a pensar que vayan a sentarse a charlar y reír. Aquella imagen de Angela Merkel y Emmanuel Macron -entre otros- yéndose de cañas el pasado octubre parece hoy impensable que se repita, por ejemplo, con Trump.

Impacto aranceles

«El impacto económico de los aranceles es claramente negativo a ambos lados del Atlántico, al menos, en términos de incertidumbre para los agentes, postergación de decisiones de inversión en los sectores implicados y, quizás lo más preocupante, problemas en las cadenas globales de producción. También parece claro que supondrá un aumento de los precios a la importación, lo que podría derivar en un aumento de los precios al consumidor en el medio/largo plazo. El proteccionismo lo acaban pagando siempre los consumidores», sostiene José Manuel Martínez, director de Economía Internacional y Riesgo País de Bankia Estudios. El enésimo aviso de que todos pierden en esa guerra. Sin embargo, este analista cree que el impacto sobre el PIB de Estados Unidos sería «modesto» y en la UE «tampoco sería especialmente significativo».

Por lo pronto, Boeing y Airbus están en el ojo del huracán. Una guerra comercial de altos vuelos que podría decirse. Parece que los automóviles ya no son, de momento, la diana de Trump; su enemigo son los aviones de Airbus y lograr reflotar a su empresa estadounidense es su objetivo. Poco que ganar, y mucho que hacer saltar por los aires.