El primer ministro portugués, Antonio Costa (dcha), junto con su homólogo español, Pedro Sáchez (izda)
El primer ministro portugués, Antonio Costa (dcha), junto con su homólogo español, Pedro Sáchez (izda) - EFE

Bruselas advierte a Portugal: debe rebajar su deuda del 122% al 60% del PIB

La Comisión Europea disminuye su previsión de crecimiento para este año al 2,2%

Corresponsal en LisboaActualizado:

Bruselas rebaja la euforia económica del Gobierno socialista portugués con un doble correctivo: primero porque rebaja su previsión de crecimiento para este año al 2,2% y, sobre todo, porque urge a disminuir la fuerte deuda actual, para que pase del 122% del PIB al 60%.

El comportamiento luso en el primer semestre del año no ha sido todo lo rutilante que se esperaba, en consonancia con el panorama dibujado en los dos últimos años. Y el comisario europeo de Asuntos Económicos y Financieros, Pierre Moscovici, ha subrayado que no es tiempo de optimismo desmesurado, sino de soluciones pragmáticas a corto plazo.

El Ejecutivo de António Costa había comenzado sus previsiones para este 2018 en el 2,4% y después pasó al 2,3%. De modo que el nuevo listón establecido desde la UE se interpreta como un tirón de orejas que no se deja llevar por el clima ascendente observado desde que estalló la burbuja inmobiliaria.

Cierto que la zona euro se queda en el 2,1%en estas mismas previsiones del informe veraniego de la Comisión Europea, pero desde las instituciones comunitarias se hace hincapié en que transcurre del tiempo y la situación de la banca y del déficit no mejoran.

Aún más baja es la expectativa para 2019, pues queda fijada en el 2%. Conclusión: el PIB portugués está perdiendo ritmo y la idea es llamar la atención de Lisboa sobre un horizonte que no invita precisamente a desatar la alegría sin mecanismos de protección: «Después de un arranque suave a comienzos del año, el sentimiento económico mejoró en mayo y en junio, apuntando a un comportamiento algo más favorable en el segundo trimestre”, ha reflejado el documento comunitario.

Es la primera vez que Portugal vuelve a preocupar a Bruselas desde que dio muestras en 2016 y 2017 de hacer sus deberes macroeconómicos. De hecho, el Fondo Monetario Internacional (FMI) apuntó al país vecino como el que más consiguió disminuir su déficit público a lo largo de los cinco años anteriores, en el seno de los 19 que integran la zona euro. Con todo, la cifra permanece alta, en una clara muestra de que el Gobierno socialista parece haberse acostumbrado en exceso a los desequilibrios.

La reducción llegó a alcanzar el 3,5% del Producto Interior Bruto (PIB), lo que se tradujo en 6.000 millones de euros. La fórmula instaurada por Mario Centeno antes de dar el salto a la CE, basada en una apuesta por las tasas indirectas como método para disparar la recaudación, se ha revelado eficaz, al menos en el corto plazo, y le granjeó el apelativo de ser «el Ronaldo de la economía de la UE», antesala para su elección como presidente del Eurogrupo en sustitución del controvertido Jeroen Dijsselbloem.

Sin embargo, el FMI ha avisado por segunda vez: «Las noticias que llegan desde Portugal son buenas en el corto plazo, pero preocupantes en la larga distancia». La razón no es otra que la falta de competitividad a nivel internacional, los discretos niveles de productividad y la delicada situación de las entidades financieras, comenzando por sus dos grandes emblemas: Caixa Geral de Depósitos y Novo Banco.

Así las cosas, la suprema institución se muestra escéptica frente a varios parámetros presentados por el Ejecutivo de António Costa de cara a los próximos dos años. Lo ha expresado a través de sus «dudas» con respecto al descenso del déficit, de acuerdo con los planes presupuestarios oficiales enviados a Bruselas.

Esta circunstancia significa que Portugal se plantaría en 2019 con un 0,9% de desajuste, si todo transcurre conforme a lo estipulado, aunque el FMI solo certifica los resultados a posteriori, no las previsiones a priori porque pueden acabar pulverizadas por el devenir de la economía real.

Y es que Christine Lagarde no pierde ojo a lo que sucede en el país vecino, entre otras razones porque todavía debe más de 4.000 millones de euros al Fondo Monetario, último fleco derivado de la petición de rescate en 2011 por valor de 78.000 millones, cuyo programa de aplicación llegó a su fin hace cuatro años pero que acarrea consecuencias a largo plazo en forma de intereses.

El economista jefe del FMI, Maurice Obstfeld, ha puntualizado: «Hace unos meses, actualizamos de manera sustancial nuestras proyecciones de crecimiento global para este año y para el que viene: un 3,9% en cada uno de estos dos periodos». Y prosigue: «La predicción se ratifica por el importante desarrollo de la zona euro, Japón, China y Estados Unidos, que crecieron por encima de las expectativas. También se prevén mejorías a corto plazo en otros mercados emergentes y en economías en vías de desarrollo».

De aquí a un futuro no tan lejano, puede suponer un problema serio el envejecimiento de la población activa, un mal endémico en Europa y con acusada incidencia en Portugal, como también en España.