Edificio corporativo de Caixabank en la avenida Diagonal de Barcelona
Edificio corporativo de Caixabank en la avenida Diagonal de Barcelona - ABC

Caixabank cumple con el BCE y liquida su negocio industrial

El efecto en capital y la presión de supervisor e inversores forzó al banco a desprenderse de sus participadas

MADRID Actualizado: Guardar
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La presión de las nuevas normas contables y del supervisor y los inversores, que no ven con buenos ojos que los bancos se dispersen en actividades distintas de la financiera, forzaron a Caixabank a poner fin al modelo de banco industrial que desarrolló durante décadas. La salida de Repsol con la venta de su participación del 9,36% en la petrolera marcan el inicio de una nueva etapa en la que la entidad catalana se centrará en exclusiva en el negocio bancario y asegurador.

La regulación bancaria surgida tras la crisis, conocida como Basilea III, penaliza con mayores requerimientos de capital a los bancos con participaciones superiores al 10% en compañías no financieras y en bancos fuera del área euro. Además, desde su constitución como supervisor único en 2014, el BCE presiona a las entidades para que se desprendan de esas inversiones, pues considera que un banco debe estar centrado en su negocio típico.

Los fondos de inversión y grandes inversores también han comenzado a recelar de ese modelo. «Más allá del aspecto cuantitativo, cualitativamente es muy importante. En cierta medida se está pasando página a un tiempo en el que las participaciones cruzadas en las grandes compañías españolas era algo común», explica el gestor de Abante Asesores José Ramón Iturriaga.

Desinversiones estratégicas

No es casual que una de las prioridades que se fijó Caixabank en su plan estratégico 2015-2018, aprobado en medio de ese clima desfavorable para las participadas industriales, era reducir el consumo de capital que le generaban esas inversiones por debajo del 10%. «El banco cada vez será más banco y tendrá menos peso empresarial», dijo el entonces presidente de Caixabank, Isidro Fainé, aún al frente de la Fundación Bancaria, matriz del grupo.

Ya entonces la mayor parte de las participaciones de la antigua caja quedaron bajo control de Criteriacaixa, brazo inversor del grupo, incluido Caixabank, pero también Naturgy, Saba, Suez y Cellnex. Solo Repsol y Telefónica, de la que tiene el 5% del capital, quedaron bajo control del banco.

«La ventaja de este tipo de operaciones es que permite a las entidades reducir el consumo de capital y aumentar así las ratios de capital», señalan los analistas de Bankinter sobre la puesta en venta de ese 9,36% de Repsol. «Caixabank está haciendo lo correcto centrándose en su franquicia de bancaseguros», decía ayer Citi. «Resulta en una simplificación de los ingresos y la estructura del grupo», valoran en Bank of America Merrill Lynch.

Esa cartera supuso un balón de oxígeno para los resultados del grupo en los últimos años, pues los dividendos que ingresa por ella llegaron a suponer el 40% de los beneficios. «Estas inversiones le ayudaron a evitar pérdidas durante la crisis, pero desde entonces el equipo gestor afrontó dudas crecientes sobre la relevancia de mantenerlas», explican los analistas de Citi. El nuevo plan estratégico para los próximos cuatro años que ultima el banco contemplará ese nuevo modelo de banco sin actividad industrial.

Momento de la venta

Caixabank ha aprovechado la revalorización de la petrolera al calor del encarecimiento del crudo para vender. Además, parte de los analistas ven potencial de revalorización de Repsol en Bolsa. «Algunos accionistas están aprovechando estos niveles para reducir posiciones si la participación no encaja en su estrategia», explica el bróker de Bankinter.

«Repsol declaró en su plan estratégico que irrumpía en el sector eléctrico y gas, convirtiéndose así en uno de los principales competidores de Naturgy. El distanciamiento estratégico entre Naturgy y Repsol hacía incompatible la presencia de Caixabank en ambos grupos», añade ese analista.