El presidente de EE.UU., Donald Trump, y el presidente chino, Xi Jinping, en una cumbre en 2017
El presidente de EE.UU., Donald Trump, y el presidente chino, Xi Jinping, en una cumbre en 2017 - AFP

China comienza a sufrir la guerra comercial con EE.UU.

Los expertos creen que su PIB perderá hasta un 0,7% por los aranceles de Trump

Corresponsal en PekínActualizado:

China ya está empezando a sufrir el impacto de la guerra comercial con Estados Unidos. Con un crecimiento del 6,5%, dos décimas por debajo de los tres meses anteriores, los datos económicos del tercer trimestre han hecho saltar las primeras alarmas porque revelan el principio de una preocupante ralentización. Mientras la economía estadounidense resistió entre julio y septiembre con una subida del 3%, superior al 2,5% previsto pese a los daños que causaron los dos huracanes del verano, la china registró su ritmo trimestral más lento desde 2009.

Tales cifras han llevado al viceprimer ministro, Liu He, y al gobernador del Banco Central de China, Yi Gang, a llamar a la calma para evitar el pánico vendedor en la Bolsa de Shanghái, donde las acciones han perdido más de un tercio de su cotización durante los últimos seis meses por las tensiones comerciales con EE.UU. y los aranceles impuestos por el presidente Trump. Por una parte, Liu He aseguraba a la agencia estatal Xinhua que «la desaceleración está creando oportunidades de inversión» y, por la otra, Yi Gang insistía en el portal de internet del Banco Central que «las bases actuales de la economía china son buenas».

Lo peor está por venir

Pero a nadie se le escapa la preocupación que hay en China porque lo peor de la guerra comercial con EE.UU. está por venir. Desde que Trump desató el conflicto en julio para equilibrar su balanza comercial, que sufre un déficit de 375.000 millones de dólares (328.000 millones de euros), los aranceles estadounidenses han gravado ya importaciones chinas por valor de 250.000 millones de dólares (219.000 millones de euros). Tras la segunda ronda impuesta a finales de septiembre, Trump amenazó con más tasas si China respondía, como así hizo gravando importaciones estadounidenses que sumaban 60.000 millones de dólares (52.500 millones de euros). Para la «fase tres», la Casa Blanca promete más tarifas aduaneras sobre importaciones chinas por valor de 267.000 millones de dólares (234.000 millones de euros), lo que incluiría casi todas las compras que EE.UU. hace a la «fábrica global» y supondría una guerra comercial a escala total. Una posibilidad que espanta dentro y fuera de China por la demoledora repercusión que tendría en la economía global, todavía renqueante tras la crisis de 2008. De momento, Pekín ha capeado el temporal devaluando el yuan para fomentar las exportaciones, pero no será suficiente.

«En el peor de los casos, si la guerra comercial se prolongara y EE.UU. aplicara más aranceles, no esperamos un aterrizaje forzoso, pero el gigante asiático podría perder entre un 0,6 y un 0,7% de su Producto Interior Bruto (PIB) el próximo año», pronostica en un análisis Prashbat Chandran, cogestor del fondo Legg Mason Western Asset Macro Opportunities. Aunque matiza que «este escenario solo se materializaría si China no respondiera ante los aranceles adicionales con inversiones, por ejemplo mediante el gasto en infraestructuras», vaticina que una alargada guerra comercial afectaría más al régimen de Pekín que a EE.UU., cuyo crecimiento también se resentiría.

La falta de préstamos ha mermado el consumo y afecta ya a sectores como el del automóvil y el inmobiliario

A tenor de los datos del último trimestre, la desaceleración en China se ha debido a una caída en el sector inmobiliario más que en las exportaciones, que se han acelerado antes de que entren en vigor los aranceles estadounidenses. «La reserva de pedidos antes de la imposición de tarifas aduaneras a finales de septiembre es probablemente un factor de la resistencia de los flujos comerciales chinos», valora en un análisis Craig Botham, economista de mercados emergentes de Schroders. Pero, a su juicio, «esperamos que los datos de octubre muestren una ralentización considerable. Esto dañará el crecimiento por la vía de las exportaciones, pero también se podría reflejar en una producción industrial e inversión en manufacturas más débiles».

La losa de la deuda

En medio de este conflicto comercial, China también se ha visto perjudicada por el férreo control del régimen sobre los créditos bancarios para atajar el elevado endeudamiento de los gobiernos locales, que Standard & Poor´s calcula en seis billones de dólares (5,2 billones de euros). A pesar de este riesgo para la economía, Pekín parece haber abierto la mano para que el dinero vuelva a fluir, ya que la falta de préstamos está mermando el consumo. Entre los sectores más afectados destacan el automovilístico y el inmobiliario, con los efectos que ambos tienen en una larga cadena de industrias auxiliares.

«Cierto apoyo para el alza de China ha venido de los datos de inversión en infraestructuras. Aunque todavía menguante, el ritmo se ha moderado considerablemente, lo que sugiere que la presión sobre los gobiernos locales para acelerar los proyectos está teniendo algún efecto», desgrana Botham, quien cree que, aun así, «hará falta un nuevo estímulo fiscal». Pero también advierte de que «incluso aunque el gasto en infraestructuras vuelva, hay signos de que el sector inmobiliario chino está finalmente empezando a desmoronarse por las condiciones más duras para el crédito. Las hipotecas y ventas de terrenos están ralentizándose y la inversión se ha desacelerado». Junto a los problemas que atraviesan las manufacturas, que «han resistido pero tendrán el viento en contra cuando los aranceles empiecen a morder», el experto de Schroders cree que «una mayor ralentización está de camino porque los aranceles todavía tienen que aparecer en los datos y por la incipiente, pero largamente esperada, debilidad del sector inmobiliario». Por todo ello, teme que «la perspectiva de crecimiento no sea positiva».