El cultivo del girasol español, «en peligro de extinción»

La nula rentabilidad, la imposiciones fiscales del Gobierno y las importaciones masivas merman cada año las hectáreas dedicadas a uno de los cultivos más representativos de nuestro país

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Parece imposible imaginarse un viaje por los pueblos de España sin ver, en algún momento, un manto amarillo que se erige tan poderoso como colorido a orillas de la carretera. Sin embargo, cada vez es más extraño, menos frecuente. El girasol es uno de los cultivos más representativos de la geografía española, pero también uno de los más arriesgados.

Como cualquier cultivo de secano (sólo el 11 por ciento es de regadío en nuestro país) depende exclusivamente del capricho del cielo, de las lluvias, de las reservas que guarde la tierra para los meses más duros del verano. Mira al sol que le alimenta, al mismo sol que puede ser su verdugo. Por eso, de una parte a otra de la Península Ibérica la producción puede variar mucho, ya no sólo por la disponibilidad del agua, sino también por la «madurez del ciclo, las enfermedades o los factores abióticos» como recuerda la Asociación Nacional de Obtentores Vegetales.

En España, la superficie sembrada de girasol suma unas 700.000 hectáreas, el 18 por ciento de la Unión Europea, siendo el tercer país en cuanto a la superficie de siembra detrás de Rumania y Bulgaria. Estos datos podrían ser mucho mayores si se concentrase la oferta, se obligase a un correcto etiquetado de la procedencia de los aceites o se realizara una interprofesionalización del sector.

Importación masiva, principal amenaza

El girasol permanece en continuo desequilibrio en un mercado presionado por la importación masiva de pipa desde Europa del Este, principalmente de Ucrania, que devalúa continuamente los precios y que hace que los agricultores sean los más perjudicados. El mensaje es claro: «apenas pueden cubrir los costes de producción».

El agricultor tiene que seguir trabajando para salir adelante, pero parece que el girasol, en precios de hace dos décadas (desde que se puso en marcha la Política Agraria Común, conocida como PAC), no es suficiente y, por eso, cambian sus hectáreas a otros cereales que pueden llegar a ser más atractivos como el garbanzo. En Andalucía, tal fue el retroceso del cultivo de girasol durante el año 2018 que ha dejado de ser la principal productora del país, cediendo ese puesto a Castilla y León, que ahora tiene más superficie y más productores.

La Asociación de Jóvenes Agricultores (ASAJA) de Castilla y León advierte de que los precios del girasol en esta región se están hundiendo por la importación de pipa extranjera. «En Segovia, el girasol es la única alternativa en la rotación de cultivos, pero los precios no acompañan a nuestros agricultores. Tenemos 30.000 hectáreas, es un fácil de sembrar, beneficioso para el campo, tenemos nuevas variedades... pero la importación de pipa desde Argentina, Rusia o Ucrania a un precio bajo, hunde el valor de las pipas españolas», explica José Antonio Monjas, gerente de la Cooperativa Campo Segoviano.

Pese a todos los inconvenientes los productores castellanoleoneses se están resistiendo a abandonar el girasol «por las escasas posibilidades de cultivos que existen en la meseta». Sin embargo, las reiteradas pérdidas está consumiendo exponencialmente la superficie dedicada a este cultivo en algunas provincias, principalmente del sur del país. «Las fábricas se guían por el precio, si el mercado de fuera está barato nos hunden los precios en España. El problema reside en los puertos, no en los campos», señala Monjas. Y en lo que coinciden todos es que «sin las ayudas de la PAC no se podría cultivar prácticamente nada en el campo, todo serían pérdidas».

Sin ayudas del Gobierno

A los problemas propios de las importaciones masivas hay que sumar las nulas ayudas fiscales que han acompañado en los últimos años al girasol español. ASAJA Sevilla ya ha denunciado en el inicio de la campaña 2019 «la falta de sensibilidad» del Gobierno central con la difícil situación por la que están pasando los productores de cereales (como el trigo y el maíz) y de oleaginosas (girasol), que llevan «varias campañas consecutivas con pésimos resultados».

«No entendemos cómo Hacienda ha hecho caso omiso a la petición de la reducción de módulos en la declaración del IRPF, pese a ser un año tan complicado como los anteriores en estos cultivos», señala Eduardo Martín, que recuerda que en la Renta de 2017 sí hubo rebaja fiscal para toda la provincia de Sevilla.

El presidente de ASAJA Castilla y León, Donaciano Dujo, denuncia que «el Gobierno aprobó el decreto con las rebajas fiscales 15 días antes de las elecciones y lo publicó ya pasados los comicios porque sabía que no iba a gustar a los agricultores. Entendemos que no se comunicó porque el Gobierno sabía que le iba a restar votos».

Además, el etiquetado sigue sin estar claro y sin ser obligatorio, como en muchos productos como la miel o el azafrán. «Tener un mejor precio en el aceite de girasol pasa por tener una identificación correcta, que ponga grande la procedencia.Es esencial porque el aceite de girasol etiquetado como español tendría un precio añadido, pero beneficiaría al agricultor y se podría sembrar más», explica Dujo. «Desde la Administración deberían incentivar las explotaciones de secano que no tienen otra viabilidad, son agricultores sin alternativa y les están poniendo palos en las ruedas», concreta Monjas.

Futuro

«Tenemos que concentrar la oferta y ahorrar costes en la producción, es la única salida», señala Monjas. «Se pueden contar con los dedos de una mano las empresas que compran pipa de girasol a nivel nacional, nos tienen pillados y sin regulación tenemos pocas salidas los agricultores», añade. Ciertamente, las cooperativas están intentando unirse, como señala el gerente de Campo Segoviano, para poder competir con los precios que llegan de fuera.

Ahorrar costes de producción pasa, principalmente, por variedades de girasoles más productivas más resistentes, sanas y que ofrezcan pipas que retengan más aceite. «Gracias a las variedades que dan más contenido graso y que aguantan herbicidas puede subsistir el sector», concluye Monjas.

En este sentido, las empresas han apostado fuertemente en desarrollar nuevas variedades de semillas híbridas que sean más beneficiosas para los agricultores. Lo más importante es la calidad de estas semillas ya que se producen en condiciones de clima seco, con ausencia de enfermedades y por consiguiente se recolectan en optimas condiciones de humedad. Según datos de la Asociación Nacional de Obtentores Vegetales se exportan hasta un 65 por ciento de las semillas híbridas producidas en España.

Pese a que el futuro del girasol pasa por la investigación, cierto es que el girasol clásico que se cultivaba hace medio siglo se perderá, en favor de variedades resistentes y productivas. Aunque, quizá, lo más importante sea proteger al agricultor porque no hay nadie que pueda sustituirle.