Las empresas de distribución son clave para transformar la industria automovilística
Las empresas de distribución son clave para transformar la industria automovilística - ABC
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¿Están los inversores perdiendo el tren de la revolución eléctrica?

Carla Bergareche, Directora General de Schroders para España y Portugal

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MadridActualizado:

La conducción eléctrica es hoy una realidad. Las mejoras técnicas ocurridas en los últimos años, entre las que se encuentran, por ejemplo, la mayor autonomía de las baterías, han hecho que la industria automovilística progresara a un ritmo rápido y, hoy, los precios de los automóviles eléctricos se asemejan a los precios de los coches tradicionales.

Si bien el mercado de automóviles eléctricos parece estar centrado en los particulares, nuestros expertos señalan que el mayor progreso se está produciendo en el ámbito del comercio y la distribución de la mano de empresas como Amazon, UPS, FedEx o DHL. Y, en este sentido, numeran varios motivos para que esto sea así: el primero de ellos es la falta de empresas especializadas en baterías necesarias para alimentar todos los automóviles del mundo.

La inversión necesaria para transformar la industria automovilística sería otra dificultad añadida; así, el gasto acumulativo necesario para convertir completamente la industria automotriz en vehículos eléctricos sería de más de 400.000 millones de dólares. El tercer y último obstáculo hacia esta transición es la vida media de los automóviles, actualmente situada en torno a los 15 años, y mucho mayor en los de mercados emergentes. De manera que, suponiendo que los vehículos eléctricos representaran el 25% sobre las ventas mundiales de automóviles nuevos en 2030 y el 75% en 2040, los vehículos eléctricos sólo supondrían algo más del 11% de la flota total en 2030, aún menos del 45% en 2040 y sólo el 77% en 2050 (que es cuando el transporte debe ser esencialmente de emisiones cero para cumplir el objetivo de París).

Sin embargo, en el ámbito del comercio y la distribución, nuestros especialistas en cambio climático dibujan un escenario mucho más favorable. Para empezar, existe una creciente presión por parte de los clientes por recibir un servicio con las más altas prestaciones en términos de tiempo, coste, respeto al medio ambiente, etc. Por otro lado, los reguladores están actuando en las grandes ciudades para limitar la entrada de los vehículos y flotas tradicionales y así poner límite a las emisiones de CO2. Por último, las empresas de distribución, a diferencia de los particulares, tienen una tasa de renovación de los vehículos mucho mayor, esto hace que las principales empresas de logística se vean obligadas a renovar sus flotas de camiones y coches.

De manera que, aunque el mercado de los vehículos eléctricos particulares está evolucionando a un menor ritmo del esperado, en el caso de las empresas de distribución esta transición ya está en marcha y, casos como el de Amazon, que anunció recientemente sus planes para hacer que el 50% de sus entregas sean neutras en carbono para el año 2030, dan buena cuenta de ello.

Como inversores, tenemos que mirar más allá y leer entre líneas para poder identificar las oportunidades de inversión existentes. Como expertos en cambio climático, en Schroders trabajamos para identificar aquellas empresas que sepan «hacer de la necesidad virtud», adaptarse al cambio climático y convertirse en parte de la solución. Con este objetivo, en 2007 creamos un fondo, el Schroder International Selection Fund Global Climate Change Equity, que invierte precisamente en este tipo de compañías.

El cambio climático cambiará profundamente la economía global. Es evidente que durante la transición se crearán y destruirán nuevos mercados, los sectores se transformarán y las compañías verán afectados sus fundamentales (ingresos, rentabilidades...). Sin embargo, estamos firmemente convencidos de que este cambio también creará oportunidades de crecimiento en sectores y compañías aún no identificadas. De hecho, nuestros expertos señalan que el transporte sostenible, la reducción de emisiones de CO2, y la eficiencia energética (entre otras áreas) supondrán una oportunidad de rentabilidad por encima del promedio del mercado. Y remarcan que en el ámbito del transporte eléctrico el foco no debería ponerse solo en las empresas automovilísticas, sino también en las compañías de componentes: electrodos, baterías, motores eléctricos, y en los mercados en los que se desarrollan estos componentes.

Perder o no perder el tren de la transición eléctrica dependerá de saber interpretar correctamente las señales del mercado e identificar aquellas empresas que logren beneficiarse de la adaptación al cambio climático. Y, en esta hazaña, contar con un buen aliado que disponga de los conocimientos necesarios para distinguir entre ganadores y perdedores puede ser de extrema utilidad.