Fábrica de Orbea en Mallavia, en Vizcaya
Fábrica de Orbea en Mallavia, en Vizcaya - ABC

Fábricas que se fueron de España por la crisis regresan al calor de los bajos salarios

Más de 200 empresas de la UE vuelven a producir en sus países de origen por la menor diferencia de costes con aquellos con mano de obra barata

Madrid Actualizado: Guardar
Enviar noticia por correo electrónico

La globalización permitió a muchas industrias de países desarrollados erigir sus fábricas en tierras más baratas. Pero hace ya tiempo que ciertos países, antaño de bajo coste en mano de obra, no son tan atractivos. En China, tanto los salarios como el yuan han repuntado, mientras que en el Viejo Continente lo ha hecho la productividad. Por ello, desde 2003 hasta 2016, 208 empresas europeas de manufactura, entre ellas nueve españolas, han regresado a sus raíces para volver a producir en sus países de origen o cerca de ellos. Así lo demuestra el estudio elaborado por EAE Business School, que también recoge las 153 compañías que han vuelto a EE.UU. desde 2008.

En España, este fenómeno de relocalización (en la jerga, «reshoring» o «nearshoring», si es a un país vecino) se produce, sobre todo, por los bajos salarios que legó la crisis de 2008. De hecho, el regreso de las empresas que analiza el informe fue tímido durante los primeros años, pero la tendencia se incrementó a partir de 2012, «casualmente después de la crisis global», indica el director del área de estrategia e innovación de EAE y autor del estudio, Marcelo Leporati.

No obstante, el porqué de este retorno no se reduce a que, tanto los países comunitarios como EE.UU., sean más competitivos. Las industrias que se trasladaron a regiones lejanas han tenido que afrontar varios problemas, que surgen de «la complejidad de gestionar toda una cadena de suministros a 10.000 kilómetros de distancia», explica Leporati, donde las diferencias culturales también complican las cosas. Además, las empresas tienen la obligación de controlar si sus proveedores utilizan mano de obra infantil y de supervisar las condiciones en que trabajan los empleados, entre otras cosas. Esta mayor conciencia sobre la Responsabilidad Social Corporativa (RSC) también hace mella, de forma que «la diferencia de coste se ha ido acortando y no compensa todos los problemas» que aparecen tras movilizar todo el proceso productivo, por ejemplo, al sudeste asiático o a los países de Europa del este.

Así, el 62% de las empresas estadounidenses abandonaron China y el 19% se retiraron de México, principalmente, por los costes y la estrategia de negocio. Al otro lado del Atántico, la mitad de las firmas europeas que se relocalizaron lo hicieron desde la Europa oriental, de los países de reciente incorporación al bloque comunitario que, en su momento, actuaron como una suerte de Oriente Lejano y acogieron gran parte de la deslocalización de las empresas europeas. Todas estas compañías «aguantaron» de media 12,6 años en dichos países.

Calidad e innovación

En cuanto a las fábricas españolas, «vuelven porque se lo piden sus clientes, quieren que su producción esté más cerca» y, por supuesto, «por una menor diferencia de costes», afirma Leporati. De las nueve firmas que relocalizaron su producción, cinco lo hicieron desde el gigante asiático, dos regresaron del este de Europa y, las restantes, de India y Taiwán, respectivamente. Desde bicicletas (Orbea y Burmen), cerveza (La Brava Beer) hasta juguetes (Muñecas Arias), otra de las razones para volver a España es la calidad del producto. «Cómo controlas la calidad del proveedor a tanta distancia», cuestiona Leporati.

Por otro lado, que las empresas vuelvan a fabricar en mercados donde la mano de obra es más cara, en términos relativos, tiene mucho que ver con la innovación. Es lo que ocurre en Francia y Reino Unido, pese a los altos costes laborales, donde «los gobiernos están haciendo una fuerte apuesta por ayudar a las compañías a la implementación de nuevas tecnologías, como la inteligencia artificial», asegura Leporati. Ambos países, junto con Italia y Dinamarca, concentran el 58% de los casos de «reshoring» que tuvieron lugar en la UE en poco más de una década. Y la tecnología, que requiere de mano de obra cualificada y de importantes inversiones de capital, fue el motivo por el que 54 empresas regresaron al ViejoContinente.

Si bien «la deslocalización o relocalización son decisiones estratégicas que las compañías toman a muy largo plazo, y no por un motivo puntual», según Leporati, las recientes barreras al comercio amenazan con alimentar la retirada de las fábricas de regiones distantes. Ante el Brexit y la guerra comercial que libran China y Estados Unidos, «muchas empresas han tomado la decisión o están anunciando que volverán a producir en el país de origen», declara Leporati.

Así, los roces arancelarios no son sino «un condimento más dentro del cóctel de motivos», en palabras del profesor, que espolean a las firmas multinacionales a llevar a cabo esta relocalización. «El Reino Unido de por sí va a ser un mercado muy atractivo, aunque salga de la UE», opina Leporati quien, aunque reconoce que todo pende de un hilo –lo más probable, por ahora, es una salida «por las bravas» de la UE el próximo 31 de octubre–, cree que muchas empresas se implantarán de nuevo en la isla británica (así como muchas otras optarán por abandonarla).

Con todo, el «reshoring» es positivo en lo que respecta al empleo. Como refleja el estudio, que utiliza la base de datos de European Reshoring Monitor, el 10% del total de puestos de trabajo perdidos en manufactura entre 2003 y 2016 se debió a la deslocalización. Mientras, el fenómeno inverso generó 9.267 empleos en la UE, hasta 2017, y en EE.UU. la cifra asciende a 19.581. Eso sí, los puestos de trabajo creados en España apenas representaron el 1% (90 empleos) del total generado entre los Veintiocho.

Reducir la huella de carbono

Es más, el planeta agradece esta vuelta a producir en cercanía, en tanto que las empresas ahorran gases de efecto invernadero a la atmósfera. «Dejas de emitir mucho CO2, porque no tienes que transportar un producto determinado desde 10.000 kilómetros, con lo cual, la huella de carbono de tu producto va a ser menor», destaca Leporati.

Así, es un elemento más dentro de la RSC, sobre todo, teniendo en cuenta la creciente presión para cumplir con los objetivos globales de sostenibilidad, como los compromisos adquiridos en el Acuerdo de París. «Va a venir legislación dentro de muy poco que va a obligar a las compañías a medir la huella de carbono y a establecer un plan de mejora», asegura el profesor, que garantiza que esta tendencia a regresar a la tierra natal irá «in crescendo».