El gasto público crece en años electorales, según confirma el Banco de España

El FMI también ha alertado de que nuestro país dispara el déficit cuando hay comicios

MadridActualizado:

Una sospecha general, que España dispara su gasto público cada vez que hay elecciones sin importar el color político del Gobierno en cuestión, se ha revelado con más claridad durante la crisis. Así lo confirmó hace unos días el Banco de España, a través de su director general de Economía y Estadística, Pablo Hernández de Cos, que sentenció que durante los últimos años en España ha habido «expansión fiscal» cada vez que se celebraban elecciones. Durante un debate mantenido la semana pasada en el I Diálogo España-Portugal organizado por el Foro económico de Galicia, el economista afirmó que esta máxima se agudiza al coincidir comicios generales, regionales y locales.

«En 2011 hubo expansión fiscal, recordarán que hubo elecciones. En 2012 y 2013 hubo restricción, pero en 2015 y 2016 volvió la expansión», afirmó el economista para añadir que en dichos años, en los que se sobrepasó el objetivo de déficit, «hubo dos gobiernos distintos y elecciones autonómicas generales y locales, que en un país tan descentralizado como España son muy importantes» a efectos del gasto.

Ausencia de planificación

Hernández de Cos incidió en que estos vaivenes tuvieron efectos relevantes sobre el saldo estructural primario, es decir, la diferencia entre gastos e ingresos de una administración descontados los intereses y los efectos coyunturales provenientes del ciclo económico. En sus palabras, «con una planificación a medio plazo, de forma que los agentes hubieran podido planificar su política», el ajuste hubiera sido menos abrupto.

El propio FMI ha alertado de que España dispara el déficit en época electoral. El país incumplió el déficit en 2011, cuando celebró generales, autonómicas y locales: frente a un objetivo de déficit comprometido del 6% del PIB acabó en el 9,28%. En 2015 ocurrió algo parecido: se debía cerrar en el 4,2% y, tras rebajar el IRPFy Sociedades, se terminó en el 5,1%. Para 2016, que se debía acabar en el 3,1%, el Ejecutivo renegoció la senda con Bruselas para que le permitiese aplazar un año esta meta y se comprometió a cerrar con un 4,2%. Este último se cumplió.

El economista luso Ricardo Arroja criticó los indicadores utilizados para medir el ajuste. «Me opongo a la definición de déficit estructural porque se basa en el cálculo del PIB potencial, una estadística con la que nadie se pone de acuerdo», sentenció en referencia a los cálculos de Bruselas.

El debate a cuestión era si el ajuste fiscal en España era inevitable o si se podía haber enfrentado de otra manera. «No había más remedio que ceder a un proceso de consolidación fiscal», zanjó Hernández de Cos, para añadir que la mitad del ajuste se ha realizado mediante el recorte de inversión pública.

El catedrático de la Georgia State University, Jorge Martínez-Vázquez también apoyó la reducción de déficit por el «despilfarro» del gasto. En contraposición, el catedrático de la universidad de Barcelona Antón Costas dijo que había margen para otro ajuste de haber sido distinta la política monetaria cuando Trichet estaba a cargo. «Un banco central debe ser un banco de sangre que trasmita flujo monetario al sistema cuando lo necesita. En 2010, el BCE fue un banco de sangre gestionado por testigos de Jehová que no pueden hacer transfusiones de sangre».

El pecado de la UE

Por su parte, la política económica comunitaria tampoco ayudó a corregir la crisis de las carcas públicas. Antón Costas recordó que el exvicepresidente de la Comisión Europea, Olli Rehn, admitió en el Congreso de los Diputados hace una semana la estrategia original de la CE para enfrentar la crisis: «Habían propuesto que se utilizase todo el margen presupuestario de la CE, que él cifraba en 60.000 millones, para aliviar a España y Portugal. El resto, que fuera a cargo de los demás países. No pudo hacerse porque los estados en mejor posición financiera se opusieron».

Pablo Hernández de Cos admitió que con este estímulo, la consolidación fiscal hubiera sido menor. «Europa también prohíbe tener un superávit comercial excesivo. Y el de Alemania es tres veces el 3% (en referencia al límite de déficit público que impone la UE)», criticó Costas.