Impuestos y productividad

Francisco Aranda Manzano, vicepresidente portavoz de CEIM-CEOE defiende que es necesario acometer reformas en el mercado de trabajo con «el objetivo es mejorar nuestra productividad»

Francisco Aranda Manzano
MADRIDActualizado:

Llevamos ya demasiado tiempo hablando sólo de los políticos, y en CEIM echamos en falta políticas económicas. Tras este larguísimo carrusel electoral es hora de empezar a gobernar. Tenemos que ponernos a trabajar en las reformas que necesita España tanto en su economía, como específicamente, en su mercado de trabajo. A pesar de que la economía está en un proceso muy rápido de cambio, llevamos más de tres años sin acometer reformas de calado. Sólo tenemos que analizar nuestras cifras de desempleo o de temporalidad. Por muy buenas que sean, duplicamos a la Eurozona y eso incide negativamente en nuestra productividad que se escapa a borbotones.

La última noticia que se ha producido en el mercado de trabajo ha sido el rescate de la involucionista máquina de fichar, trufada de lagunas, caos y una técnica jurídica tan deficiente que sólo puede generar litigios y una judicialización que será la que delimite los límites de la norma. Y ya sabemos que si los jueces tienen que legislar es porque el legislador ha construido una chapuza. En fin, todos esperamos la congelación de la medida.

Pero, más allá de antiguallas, es necesario acometer medidas innovadoras que mejoren las ratios de nuestro mercado de trabajo que continúa siendo ajeno a las mejores tendencias de los países de la Eurozona. Ya existen serias dudas sobre la capacidad de España para seguir sosteniendo un nivel de crecimiento económico que permita seguir creando empleo, generadas por el efecto de las guerras comerciales, el Brexit y la evidente desaceleración generalizada de la economía en los países de nuestro entorno.

La renta media de trabajador en España es el 83% de la media europea, pudiendo haber llegado al 90%

El objetivo es muy concreto: mejorar nuestra productividad. Esa es la única forma sostenible de conseguir simultáneamente más empleos, más estabilidad laboral, mejores salarios y consecuentemente, mayor recaudación. El avance de la productividad mejora naturalmente el consumo, es decir, la demanda, generando así nuevos productos y, por lo tanto, sectores y empleo.

En los últimos veinte años, la llamada Productividad Total de los Factores (PTF), que mide la eficiencia para producir bienes y servicios, ha crecido sólo un 0,2% en promedio anual, justamente la mitad que en la zona euro. La consecuencia ha sido que la renta por trabajador en España sea el 83% de la media europea, pudiendo haber llegado al 90%.

Reformas que acometer

Frente a la rigidez, que sigue siendo la terrible característica de nuestro mercado laboral, es conveniente poner en marcha medidas de flexibilidad. La llamada mochila austríaca es una herramienta que sigue sin abordarse de forma rigurosa en España. Puede ser una buena opción, pero es fundamental acompañarla de una reestructuración fiscal que nos haga más competitivos, como reducir el coste de la seguridad social. En España, con un despido de 20 días, sería inviable reemplazarlo con esta fórmula. Por lo tanto, hay que empezar a estudiar un modelo mixto en el cual una parte del despido se financie de forma directa por esta vía en una cuenta del trabajador, y otra se desembolse como un determinado número de días.

La fiscalidad es otro de los elementos fundamentales de política económica. En este ámbito es fundamental afrontar los compromisos sociales adquiridos sin seguir aumentando el desequilibrio de las cuentas públicas y, para ello, sólo cabe acometer políticas que fomenten la actividad económica y la creación de empleo. Nuevos hachazos fiscales sólo provocarán un retraimiento de la inversión que generará menos recaudación y más paro. Las subidas fiscales a las que alude el Gobierno contrastan con las estrategias de países cuyos líderes eran adalides de las subidas de impuestos. En Grecia, Tsipras habla ya de reducir tanto Sociedades (del 29% al 25%), como el gravamen equivalente al IBI español (que bajaría, de media, un 30%), tras asumir que la subida de impuestos ha sido un rotundo fracaso en la recaudación.

En Portugal, el socialista António Costa ha mantenido la senda económica marcada por el anterior gobierno liberal-conservador. El resultado es que Portugal podría cerrar el año 2019 con superávit presupuestario y, de hecho, en 2.018 ha registrado el menor déficit en cuarenta años. Todo ello con rebajas de impuestos. Francia, Alemania e incluso Italia van por la misma senda. ¿Todos van al revés excepto nosotros?

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