El Centro de Estudios Financieros (CEF) cumple este año cuatro décadas de actividad
El Centro de Estudios Financieros (CEF) cumple este año cuatro décadas de actividad - ABC

«Hay que investigar continuamente para ponérselo fácil al alumno»

Roque de las Heras, presidente y fundador del Centro de Estudios Financiero y de Udima, cree que «hay una sobreoferta de titulaciones que acaba confundiendo al mercado laboral»

MADRIDActualizado:

Abandonó la estabilidad de una carrera de funcionario público para alimentar su vocación educadora. En el año 1977 comenzó a asentar los cimientos del Centro de Estudios Financieros (CEF), un proyecto empresarial que inicialmente estaba centrado en la preparación de oposiciones, pero que fue ampliando su radar a medida que se consolidaba y crecía. La creación de la Universidad a Distancia de Madrid (Udima) en el cuso 2008-09 marcó otro hito en un proyecto por el que, cuarenta años después, han pasado ya más de 460.000 alumnos, incluida la elite de los cuerpos de funcionarios del Estado.

—¿Por qué aparcó su carrera de funcionario por la enseñanza?

—La docencia siempre me ha gustado. Yo era el hermano mayor de una familia muy numerosa, y siempre ayudaba a los más pequeños. Cuando vine a estudiar a Madrid, en mis primeros años de carrera ya me dedicaba a dar clases particulares. Siempre me ha gustado la docencia. Incluso cuando entré en el Cuerpo de Contadores del Estado, y después en Hacienda, daba clases a mis compañeros, pero por amor al arte. Era porque me gustaba transmitir lo que sabía. Enseñar es muy agradecido.

—¿Cuál fue la clave para que su proyecto se consolidara?

—Pienso que creamos una empresa muy distinta al resto. En el ámbito de la materia de oposiciones, las academias suelen estar muy pendientes del BOE, y yo intenté no depender exclusivamente de eso, busqué hacer cosas distintas. Creo que no ha existido ninguna propuesta formativa parecida a la nuestra.

—Udima marcó un hito en este camino de diferenciación...

—Realmente estamos muy al día, porque nuestra universidad es online. Siempre nos hemos ido adaptando a los cambios tecnológicos. Yo empecé en el 77, y en el 78 ya ofrecía cursos a distancia, lo que pasa es que entonces eran en papel. Hoy en día las nuevas tecnologías permiten una relación instantánea. Puedes dar clases por teleconferencia, enviar ejercicios al alumno y devolvérselos corregidos en el mismo día...

—¿Está arriconando internet al papel?

—Se ha notado una caída en la difusión de nuestras revistas. Pero los alumnos demandan los libros en los dos soportes. Estudiar sobre una pantalla es difícil... Hace un par de años hicimos un estudio con un centenar de alumnos y tanto los más avanzados tecnológicamente como los menos preparados nos pidieron en su mayoría la continuidad del papel.

—¿Se notaron mucho los años de crisis en la formación de funcionarios?

—Muchísimo, claro, no había plazas. Lo que pasa es que las oposiciones de nivel alto son muy vocacionales. Hay chavales que están comenzando en la facultad y ya te dicen que quieren ser Inspectores de Hacienda o de Trabajo. Según terminan la carrera, empiezan a prepararse, independientemente de la situación económica.

—Su Premio Estudios Financieros es un referente en el reconocimiento de la labor investigadora ¿Cree que existe una gran brecha entre lo que se estudia en laboratorios y bibliotecas y lo que reclama la sociedad?

—Llevamos 27 años. Empezamos con áreas importantes nuestras, como tributación, contabilidad y laboral, y se ha ido ampliando a más categorías. Realmente lo nuestro es estar investigando constantemente cómo poder hacer que las cosas sean más fáciles y asequibles para los alumnos, y que con el mismo esfuerzo aprendan lo más posible. Por eso, en estos jurados yo pongo siempre dos catedráticos y tres personas del mundo de la empresa. Hay una dicotomía: su apreciación a veces es distinta, pero creo que siempre se busca la practicidad y que esa investigación realmente sea útil, sirva para algo.

—¿Existe también una falta de sincronía entre las enseñanzas que se transmiten en las aulas y las necesidades de la empresa, especialmente en estos tiempos de revolución tecnológica?

—Nuestra enseñanza se apoya mucho en el contacto con los antiguos alumnos, que están del mundo de la empresa o la administración. Siempre hay que ir adaptándose a las nuevas realidades. Los másteres están más pegados a la realidad, sirven para especializarse y los vamos adecuando a las necesidades que tienen la empresas, pero con los grados es más complicado. En todo caso, ahora que los máster son oficiales también es más difícil modificarlos, porque puede pasar un año hasta que el Ministerio los aprueba. Creo, además. que hay una sobreoferta de titulaciones. Existen grados con nombres distintos y planes de estudio muy parecidos. Con eso dificultas el acceso al empleo, porque estás confundiendo al mercado. Creo que habría que poner un poco de orden en esta materia.

—¿Cuál son las apuestas de futuro de la CEF?

—Trabajo y estar atentos a las necesidades formativas de cada momento. También queremos avanzar en la internacionalización. La apuesta es Latinoamérica, porque el idioma es fundamental, y supone pasar de un mercado de 46 millones a uno de 460.

La estigmatización del funcionario

—¿Cree que se estigmatizó la figura del empleado público durante la crisis?

—Sí, y eso hizo mucho daño. No se tiene en cuenta que las personas que acceden a los Cuerpos del Estado se han pasado tres o cuatro años de su vida trabajando muy duro... La formación que tienen los funcionarios en el nivel A1 es excelente. Lo que sí falta después muchas veces es aliciente, porque un chaval que entra con 27 años ya es directivo, y lo va a ser de por vida. Entonces llega a los 35 o 40 años y ve que sigue haciendo lo mismo... En la administración, falta una carrera como la que pueda existir en las empresas. Además, entre ser director general o inspector de cartera, económicamente hay muy poca diferencia, 300 o 400 euros mensuales. También es importante destacar que las personas que han estudiado oposiciones y han abandonado, normalmente han encontrado buenos empleos en sectores productivos relacionados. Pero eso, sí hay que saber abandonar a tiempo...